La final glacial: cuando el fútbol canadiense desafía al termómetro
evangelio | 17 enero, 2026

El escenario no podía ser más épico: la gran final de la Premier League canadiense se disputó en Ottawa con un mercurio marcando -8°C. No era un partido cualquiera; era una batalla contra los elementos, donde el balón y las heladas luchaban por protagonismo. Mientras los jugadores calentaban motores, el verdadero héroe anónimo era el personal de mantenimiento, en una misión contra reloj cada cuarto de hora.

 

Cada 15 minutos, como un ritual ineludible, el juego se pausaba tácitamente para que las líneas blancas del campo, devoradas por la escarcha, volvieran a la vida. Era un recordatorio cómico de que, en Canadá, el “terreno de juego” incluye también luchar contra un congelador natural. Los aficionados, convertidos en montañas de abrigos y bufandas, animaban tanto los regates como el éxito de cada pasada del quitanieves.

 

Al final, el trofeo fue para el equipo campeón, pero la medalla al mérito se la llevó el invierno canadiense. Demostró que, con té caliente y una pala, hasta la final más importante puede convertirse en un festival de resistencia donde el mayor rival no estaba en el equipo contrario, sino en el termómetro. Una victoria para el deporte… y para la logística anti-hielo.

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