La emblemática Fontana di Trevi, uno de los símbolos más reconocidos de Roma, inició este lunes una nueva etapa al implementar un cobro de dos euros para permitir el acceso a su cuenca, una medida que busca regular la afluencia de visitantes en uno de los puntos más concurridos de la capital italiana.
Tras meses de anuncios, ajustes y polémica, el llamado “ticket” finalmente entró en vigor y modificó de manera visible la dinámica alrededor del monumento barroco diseñado en el siglo XVIII por el arquitecto Nicola Salvi. A diferencia de la habitual multitud que solía abarrotar el lugar, este lunes el entorno presentó una imagen más ordenada y controlada.
Durante la tarde, el acceso a la fuente se realizaba a través de un recorrido delimitado por barreras, vigilado por al menos una veintena de empleados identificados como stewards, quienes supervisaban el ingreso por el lado derecho del monumento y la salida por el izquierdo, únicamente para quienes habían realizado el pago correspondiente.
La medida permitió reducir de forma considerable el número de personas junto a la cuenca y las escalinatas, donde tradicionalmente los turistas se aglomeraban para lanzar la famosa moneda, ritual que simboliza el deseo de regresar a la llamada “ciudad eterna”.
Quienes optaron por no pagar la entrada también pudieron apreciar la fuente, aunque desde mayor distancia y detrás de vallas metálicas. Desde ahí, visitantes de todo el mundo continuaron tomando fotografías y selfies de este sitio inmortalizado por el cine, especialmente por la icónica escena de La Dolce Vita, protagonizada por Anita Ekberg y Marcello Mastroianni.
La implementación del cobro generó opiniones divididas entre turistas y locales, pero marcó un cambio significativo en la gestión de uno de los monumentos más visitados de Roma, solo por detrás del Coliseo.