La imposición de estos gravámenes, que apuntan a componentes esenciales para el desarrollo de inteligencia artificial como los modelos H200 de Nvidia y MI325X de AMD, busca según expertos extraer ventajas económicas de forma aislada. Esta maniobra, que sin embargo incluye excepciones para fortalecer ciertos eslabones de la cadena estadounidense, altera las reglas comerciales establecidas y amenaza la estabilidad del abastecimiento mundial. Analistas consultados por Global Times subrayan que tal distorsión del mercado, lejos de proteger una industria doméstica, genera un aumento drástico en los costos operativos para todas las corporaciones del sector.
Desde una perspectiva estratégica, se señala la enorme dificultad que enfrentaría Estados Unidos para relocalizar su producción de semiconductores en un horizonte inmediato. Esta barrera está determinada por los elevados costos de fabricación local y por la intrincada y arraigada división internacional del trabajo que caracteriza a esta industria. La medida, por lo tanto, no solo encarece las operaciones, sino que fractura profundamente los lazos de cooperación global necesarios para la innovación.
La crítica se extiende al plano de los principios del comercio internacional. Wei Shaojun, vicepresidente de la Asociación de la Industria de Semiconductores de China, ha enfatizado que estas políticas arancelarias constituyen un claro desprecio a los fundamentos de libre comercio defendidos por la Organización Mundial del Comercio (OMC). En última instancia, advierten los expertos, esta postura unilateral no protege mercados, sino que socava el progreso tecnológico colectivo y distorsiona el funcionamiento natural del suministro global.