La Generación Z: Entre la conexión y la soledad
evangelio | 1 diciembre, 2024

La Generación Z, esos jóvenes que nacieron en un mundo donde la tecnología y el internet son parte intrínseca de sus vidas, enfrenta desafíos únicos y complejos.

A pesar de estar más conectados que nunca, un número alarmante se siente más solo, frustrado y ansioso que las generaciones pasadas.

Conocidos también como “nativos digitales”, han crecido en un entorno impregnado de incertidumbre: desde cambios sociales profundos hasta una pandemia que transformó la manera en que nos relacionamos.

Un retrato de la salud mental

El Mental Health Million Project arrojó que el 44 % de los individuos de entre 18 y 24 años presenta serios problemas psicológicos.

Las presiones académicas y laborales se intensifican en un contexto donde, a pesar de sus esfuerzos, muchos sienten que sus logros no se ven reflejados en oportunidades laborales dignas, lo que genera una sensación de apatía, donde el esfuerzo se siente como un castigo más que como un camino hacia el éxito.

La pandemia y la cuarta ola de salud mental

Los jóvenes se enfrentan a una “cuarta ola” de problemas de salud mental provocada por la pandemia. Si bien las dificultades emocionales ya existían, las circunstancias actuales las han intensificado.

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El constante bombardeo de información y el acceso a las redes sociales suman presión, y además, esos espacios virtuales que deberían fomentar la conexión, a menudo se convierten en un caldo de cultivo para la soledad y la comparación negativa.

Construcción del yo en un mundo digital

La identidad de la Generación Z se moldea en gran parte en plataformas digitales; la construcción del “yo” se ve influenciada por likes y comentarios, lo que puede distorsionar su autopercepción y llevar a problemas como el autoodio o la insatisfacción corporal.

La investigación del Centro Médico Universitario Hamburg-Eppendorf destaca que el uso intensivo de redes sociales se relaciona con un aumento en el estrés y la mala regulación emocional.

Habilidades emocionales en declive

Otro problema es la falta de habilidades emocionales. Muchos jóvenes muestran poca resistencia a la frustración, en parte debido a una crianza sobreprotectora que les ha hecho dependientes de la inmediatez y la satisfacción instantánea.

Esa dificultad para gestionar las emociones en un mundo que pide adaptabilidad puede llevar a una sensación de vacío y ansiedad.

Individualismo y relaciones efímeras

El individualismo y la polarización social han moldeado la conducta de la Generación Z.

La búsqueda de gratificación instantánea en las relaciones, conectadas a través de un clic, ha llevado a un deterioro en la calidad de esas interacciones. En un entorno donde lo superficial predomina, se siente una fuerte desconexión y falta de apoyo en momentos de crisis.

Hacia un futuro más saludable

Sin embargo, es importante no perder de vista la posibilidad de un cambio. La sociedad debe comprometerse a mejorar y ampliar los servicios de asistencia psicológica, así como impulsar un enfoque más compasivo hacia la salud mental.

Reconocer y visibilizar esos problemas es sólo el primer paso; ahora es imperativo actuar. La tristeza y desafección de nuestros jóvenes es, en gran medida, un espejo de nuestras fallas como sociedad.

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