La indiferencia: la otra bala en las canchas de Policía y Tránsito
evangelio | 17 febrero, 2025

La mañana pambolera del domingo parecía tranquila, como cualquier otra. Al término de los primeros 45 minutos, Tierra Caliente vencía cómodamente 5-0 a CRT en la categoría de Primera Fuerza. Estaba por reanudarse el segundo tiempo, cuando de repente se escucharon disparos de arma de fuego.

En un primer momento, se especuló que era el ruido de una motocicleta, pero el caos que se generó a los pocos segundos dejó en claro que aquello no era normal y que la situación se tornaba grave.

“Yo les grito a los muchachos que fueron balazos. Posteriormente, empezamos a ver cómo una camioneta salió echa la madre, acelerando. Todos quisimos identificar el auto, pero llegó un punto en que ya no lo vimos”.

El relato es de Rubén Gallegos, entrenador del equipo Tierra Caliente, uno de los testigos del ataque a balazos que se registró el pasado domingo en la cancha 15 de la Unidad Deportiva Cuauhtémoc, conocida popularmente como “Policía y Tránsito”.

Los futbolistas, que se ubicaban apenas a unas canchas del incidente, intentaban asimilar lo estaba sucediendo cuando el entrenador comenzó a recibir llamadas que lo alertaban del peligro.

“Cuando me avisan, lo primero que hago es ingresar al campo para decirle al árbitro que detenga el partido. Le explico que efectivamente habían sido balazos y que se tenía gente herida sobre el césped, que incluso se hablaba de muertos”.

Ante la falta de protocolos para una situación de este tipo, el silbante informó que la decisión se debía tomar en conjunto entre los capitanes de ambos equipos; sin embargo, los del rival de Tierra Caliente se negaron a hacerlo.

Te puede interesar: Sube a seis la cifra de heridos en ataque armado en canchas deportivas de Morelia

“N’ambre, pues ya no está pasando nada, aquí todos están jugando”, fue el argumento que presentó uno de los futbolistas de CRT. Y, en efecto, los partidos se seguían desarrollando como si la violencia y los cinco heridos fueran una nimiedad a lado de la jornada futbolera.

“En cuanto supimos que los afectados eran el equipo del Chak, todos nos preocupamos. Había miedo, enojo, incertidumbre e impotencia. Yo ya no pude meterme a la cuestión del juego porque seguía recibiendo llamadas para preguntarme si estábamos bien”, comparte Rubén Gallegos.

El estratega califica como triste el hecho de que el balón estuviera corriendo por los campos, pese a que el soundtrack que se tenía al fondo eran las sirenas de las patrullas y las ambulancias.

“Es una situación lamentable, porque no es un hecho aislado, son cosas que no se deben dejar pasar y mucho menos normalizar de esa manera”, reflexiona el entrenador.

Si bien considera que no es responsabilidad de la liga el ataque armado, lamenta que la mesa directiva, encabezada por Antonio Huerta, no haya asumido una postura inmediata para detener la jornada deportiva.

“Debieron ser empáticos, velar por la integridad de los jugadores y no dejarse notar por intereses económicos personales. Para empezar, hay que capacitar y dar a conocer los protocolos de contingencias mayores”, escribiría más tarde Rubén Gallegos en un grupo de Facebook dedicado a la Liga Municipal.

Su opinión tuvo eco y otros miembros activos de la liga comenzaron a sumarse al llamado, algunos incluso proponiendo que el torneo se detenga por lo menos una semana en señal de respeto y solidaridad con los afectados.

Sin embargo, la respuesta por parte de la dirigencia de la Liga Municipal de Futbol Morelia no ha estado a la altura de las circunstancias. A través de un comunicado mal redactado, simplemente se han limitado a lamentar lo ocurrido y a solicitar a las autoridades municipales y estatales que se hagan cargo de la seguridad de la unidad. De suspensiones no se dice nada. Dicho de otra manera y como parte del argot futbolero: se han desentendido de la pelota.

Comparte