La emblemática Sagrada Familia de Barcelona alcanzó un nuevo hito histórico al completar su torre central, lo que la convierte oficialmente en la iglesia más alta del mundo, con una altura total de 172.5 metros.
La hazaña se concretó cuando una enorme grúa amarilla elevó la última pieza de la gran cruz blanca de 17 metros de altura y 13.5 de anchura, que corona la torre de Jesucristo, la más alta de las 18 proyectadas por el arquitecto catalán Antoni Gaudí hace más de 140 años. La colocación de la estructura fue seguida con expectación por cientos de turistas que, desde el exterior del templo, observaron las maniobras realizadas por operarios suspendidos con arneses.
“Hoy era un día que estábamos esperando con expectación. Ha ido todo muy bien”, celebró el arquitecto director del templo, Jordi Faulí, tras concluir la operación.
Con esta nueva altura, la basílica no solo se consolida como el edificio más alto de Barcelona, sino que también supera al templo de Ulm, en Alemania, que hasta ahora ostentaba el récord. Sin embargo, la cima del monumento queda ligeramente por debajo de los 177 metros de la montaña de Montjuic, respetando así el deseo de Gaudí, profundamente religioso, de no sobrepasar lo que consideraba una obra de Dios.
Aunque la cruz ya corona la torre, aún permanecen andamios alrededor de la estructura, que serán retirados progresivamente antes del 10 de junio, fecha prevista para su bendición. La ceremonia coincidirá con el centenario de la muerte de Gaudí, quien falleció tras ser atropellado por un tranvía. Se espera la presencia del papa León XIV, aunque su asistencia todavía no ha sido confirmada.
La culminación de la torre representa un paso decisivo en la construcción del monumento de pago más visitado de España, con 4.8 millones de entradas vendidas en 2024. Las obras, iniciadas en 1883 cuando Gaudí asumió el proyecto, han atravesado numerosos altibajos a lo largo de las décadas, incluidos los efectos de la pandemia, que obligaron a abandonar la meta de concluir el templo en 2026.
Actualmente, la junta constructora una fundación canónica privada evita fijar una nueva fecha definitiva de finalización. “Se habla de un deseo, que es acabar en unos diez años, pero no es ningún compromiso porque pueden pasar muchas cosas”, advirtió Faulí.
El avance del proyecto depende en gran medida del flujo de visitantes, principal fuente de financiamiento, así como de la resolución de las diferencias en torno a los accesos a la fachada de la Gloria, la entrada principal aún pendiente de edificación. El plan contempla la construcción de una gran escalinata y una plaza, lo que implicaría el derribo de varios edificios residenciales, una propuesta que ha generado rechazo entre vecinos.