Lo que se anunciaba como la gran fiesta deportiva del GOAT Tour con el campeón del mundo, Lionel Messi, se transformó en un bochorno internacional en Calcuta, India. Las sospechas de estafa se confirmaron cuando la estrella argentina permaneció en el estadio Salt Lake por tan solo 22 minutos cronometrados.
Miles de aficionados pagaron más de $100 dólares por entradas -una suma considerable en el contexto local- para presenciar un “paseo de la fama” fugaz. El delantero del Inter Miami se limitó a dar una vuelta saludando y se negó a cumplir la supuesta promesa de jugar unos minutos. Al ver la rápida evacuación, el público estalló en furia, desatando el caos.
El descontento se exacerbó por el circo político en la cancha. Políticos locales, funcionarios y agentes de policía rodearon a Messi, impidiendo cualquier visibilidad desde las gradas en su afán por tomarse una selfie. Ciudadanos inconformes denunciaron: “Pagamos una fortuna para verlo y solo pudimos ver la espalda de un policía”. La frustración provocó el lanzamiento de sillas, botellas de plástico y destrozos masivos en el estadio.
La violencia se extendió hasta el hotel del futbolista después de que el equipo de seguridad activara el protocolo de extracción, cancelando cualquier interacción. Las fuerzas de seguridad de la India, acusadas de negligencia, tuvieron que sofocar el disturbio utilizando bastones para dispersar a cientos de aficionados enfurecidos.
El saldo incluyó la detención del jefe de la organización y la promesa de reembolso de las entradas. Mientras Calcuta lidiaba con la indignación, la comitiva subió al futbolista a un avión para continuar su gira, dejando atrás el desastre y una estatua de 21 metros de Messi, irónico monumento de un evento catalogado como un fraude.