La forma en que se describe el vino a través de metáforas y lenguaje especializado no se transmite con la misma claridad entre culturas, lo que genera diferencias importantes en la forma en que los consumidores perciben su calidad, según estudios de lingüística cognitiva.
Investigaciones que revisan decenas de estudios sobre el lenguaje del vino señalan que términos utilizados en catas profesionales como “cuerpo”, “estructura” o “elegancia” no tienen una interpretación uniforme ni siquiera dentro del mismo idioma, lo que genera confusión en su uso cotidiano y en la comunicación de la industria.
El concepto de “cuerpo”, por ejemplo, puede asociarse al sabor, la textura o el contenido alcohólico dependiendo del hablante, mientras que en algunas traducciones literales a otros idiomas europeos puede generar asociaciones ajenas al sentido enológico original.
En el caso del término “elegancia”, su interpretación varía aún más entre culturas. En algunos contextos lingüísticos asiáticos, las descripciones del vino pueden vincularse a ideas como lo “encantador” o lo “introvertido”, lo que refleja diferencias culturales en la forma de expresar experiencias sensoriales.
El lenguaje del vino recurre con frecuencia a metáforas humanas, describiendo las bebidas como “tímidas”, “fuertes” o “agresivas”, una práctica que ayuda a comunicar sensaciones complejas pero que también puede introducir sesgos en la percepción del producto.
Algunos estudios señalan que los vinos descritos con atributos asociados a lo femenino tienden a percibirse como más ligeros o de consumo inmediato, mientras que aquellos asociados a rasgos masculinos se consideran con mayor potencial de envejecimiento, lo que puede influir incluso en su valoración comercial.
La dificultad central, según el análisis, no radica únicamente en las metáforas utilizadas, sino en la suposición de que todos los consumidores interpretan de la misma manera el lenguaje simbólico empleado en la industria del vino.