Las sequías han marcado de manera profunda el devenir histórico de México, afectando tanto a sus ecosistemas como al desarrollo económico y político del país, según advierte la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP).
Desde la caída de civilizaciones prehispánicas como Teotihuacán y los Mayas, hasta el desabasto de agua en la Ciudad de México en 1922, estos fenómenos han estado presentes como detonantes o agravantes de crisis sociales.
Durante el periodo colonial, la sequía de 1785, conocida como “El Año del Hambre”, provocó escasez de alimentos y altos índices de mortandad, mientras que las prolongadas sequías de principios del siglo XIX coincidieron con el estallido de la Independencia.
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Del mismo modo, entre 1907 y 1909, las condiciones de sequía en el norte del país contribuyeron al colapso económico que antecedió la Revolución Mexicana, según estudios del Instituto de Geografía de la UNAM y de la UDLAP.
En tiempos más recientes, la sequía de 2011 afectó a más del 90 % del territorio nacional, provocando pérdidas por más de 15 mil millones de pesos, más de 2.5 millones de personas sin agua potable y la muerte de casi dos millones de animales de granja.
El fenómeno fue consecuencia de un déficit hídrico acumulado desde 2009 y es considerado el más grave en los últimos 70 años, de acuerdo con el INEGI y la UDLAP.
A pesar de los avances científicos y la implementación de planes gubernamentales de mitigación, tanto la UDLAP como el INEGI advierten que aún es necesario reforzar las medidas de prevención, mejorar la educación ambiental y cerrar las brechas institucionales.