Tras la histórica presentación de Bad Bunny en el espectáculo del medio tiempo del Super Bowl LX el pasado 8 de febrero de 2026, varios legisladores republicanos en Estados Unidos han exigido investigaciones formales sobre lo que consideran contenido “indecente” y “explícito” durante la transmisión. El congresista Andy Ogles de Tennessee envió una carta al Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes solicitando que se realice una revisión oficial de la actuación, alegando que la presentación transmitida por la NFL y NBCUniversal incluyó lo que él describió como “material obsceno”.
Ogles destacó que la coreografía, incluyendo movimientos sugestivos como twerking y grinding, así como las letras interpretadas principalmente en español, glorificaban prácticas que a su juicio no deberían difundirse en un evento familiar de tan amplia audiencia. Otros legisladores han pedido que la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) intervenga para determinar si la transmisión violó normas de indecencia televisiva.
El representante Randy Fine de Florida calificó la actuación como “ilegal” y solicitó multas y revisión de las licencias de transmisión, sugiriendo incluso sanciones para el artista y los ejecutivos de las cadenas involucradas. Fine afirmó que si las letras hubieran estado en inglés, la transmisión habría sido retirada del aire y las consecuencias legales serían mayores.
La controversia se ha extendido más allá del Congreso. El expresidente Donald Trump describió la presentación como “una afrenta a la grandeza de Estados Unidos” y criticó la elección de Bad Bunny como protagonista del evento más visto del año. Sin embargo, algunas figuras conservadoras, como la comentarista Candace Owens, han señalado que la reacción de ciertos legisladores es una sobrerreacción que distrae de temas más urgentes.
A pesar de las críticas, el espectáculo de Bad Bunny, que incluyó elementos culturales puertorriqueños y una mezcla de ritmos, fue visto por más de 128 millones de personas y ha sido elogiado por su celebración de la diversidad y la inclusión, consolidándose como una de las actuaciones más impactantes en la historia del Super Bowl.