Las lluvias en México han sido 15 por ciento más intensas en lo que va de 2026 en comparación con el promedio registrado en los últimos 30 años, de acuerdo con análisis del investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, Jorge Zavala Hidalgo, quien advierte que el comportamiento de las precipitaciones ha sido irregular en distintas regiones del país.
El especialista detalla que, entre enero y los primeros días de junio, el patrón de lluvia no ha sido homogéneo, ya que mientras la región centro concentra acumulados por encima de lo normal, gran parte del territorio nacional se mantiene por debajo de su promedio histórico, lo que refleja una distribución atípica de la precipitación.
Zavala Hidalgo señala que, desde el punto de vista climatológico, el 11 de junio suele registrarse lluvia en gran parte del país, condición que este año se mantiene, particularmente en el centro de México, donde se prevén precipitaciones asociadas a sistemas atmosféricos activos durante la temporada.
Entre los factores que influyen en estas condiciones se encuentran los remanentes de la tormenta tropical Boris, que ha contribuido a lluvias intensas en estados del occidente y sur como Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero y Oaxaca, además de precipitaciones fuertes en entidades del centro como Puebla, Estado de México, Morelos y Ciudad de México. También se suma la influencia de la tormenta tropical Cristina, localizada hacia Centroamérica, que favorece la entrada de humedad hacia el territorio nacional.
El investigador subraya que el estudio de la variabilidad de las lluvias en México permite comprender mejor su comportamiento regional y estacional, además de la influencia de fenómenos como El Niño, cuyo impacto actual es limitado, pero que podría intensificarse hacia finales de 2026 y durante los primeros meses de 2027, con efectos en precipitación, temperatura y calidad del aire.
En cuanto a sus efectos en el país, el aumento de la intensidad de las lluvias puede beneficiar la recarga de presas, acuíferos y sistemas de abastecimiento de agua en regiones donde la sequía ha sido un problema recurrente, especialmente en zonas del centro del país. Sin embargo, también incrementa el riesgo de inundaciones, deslaves y afectaciones a infraestructura urbana y rural, sobre todo en áreas con crecimiento urbano acelerado o drenaje insuficiente.
Añade que el conocimiento más preciso de estos patrones será clave para la toma de decisiones en sectores como la gestión del agua y la operación de presas, ante escenarios de variabilidad climática cada vez más marcada.