Los centauros, criaturas míticas producto de la fusión entre humanos y caballos, simbolizan la dualidad de la razón y la pasión, así como la conexión entre la civilización y la naturaleza.
Su origen, según la mitología griega, se relaciona con Ixión y Néfele. Ixión, después de ser perdonado por Zeus por un crimen, al intentar seducir a Hera, recibió como castigo una nube con su forma que dio origen a Centauro.
A partir de su relación con yeguas de Magnesia, nacieron los centauros, seres descritos como hábiles jinetes de la antigua Tesalia.
Los centauros, sin embargo, no eran meros jinetes; la leyenda cuenta que eran criaturas salvajes, devoradores de carne cruda y bebedores excesivos.
Su ferocidad se hizo evidente en la boda de Pirítoo, cuando intentaron ultrajar a las mujeres invitadas, desatando una confrontación mortal. Posteriormente, invadieron el reino de los lapitas, apoderándose de su capital, Fóloe.
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No obstante, no todos los centauros eran sinónimos de barbarie, figuras como Quirón y Folo, influenciados por la cultura griega, se convirtieron en símbolos de paz y sabiduría.
Quirón, hijo de Cronos y la ninfa Filira, fue un renombrado educador de héroes, instruyendo a personajes como Heracles y Aquiles.
Su trágica muerte a manos de su alumno, Heracles, durante una pelea con otros centauros, lo llevó a solicitar a Zeus que le otorgara la paz, cediendo su inmortalidad a Prometeo.
Como legado, Quirón fue transformado en la constelación Sagitario, símbolo de búsqueda del conocimiento y sanación.
En la literatura, desde representaciones agresivas en obras clásicas como las Metamorfosis de Ovidio, hasta interpretaciones modernas en la obra de autores como C.S. Lewis y J.K. Rowling, han pasado a ser exploraciones complejas de la identidad y la naturaleza humana.