Tras la victoria aliada en la II Guerra Mundial, la URSS emergió fortalecida y Stalin se consolidó como el único líder sobreviviente de los regímenes totalitarios.
Desde la muerte de Lenin en 1924, Stalin había ido tomando el control del régimen soviético a través de redes clientelistas, aunque su poder no era completamente absoluto.
Para afianzarse, implementó las purgas de los años 30, conocidas como el Gran Terror, que resultaron en la ejecución, deportación y detención de cientos de miles de personas, elevando las víctimas a unos diez millones.
Después de la guerra, la URSS mantuvo su influencia en Europa del Este, estableciendo un Bloque del Este y cerrando el Telón de Acero.
La Guerra Fría polarizó el mundo entre dos superpotencias, Estados Unidos y la URSS, con un bloque comunista y otro capitalista. Moscú promovió dictaduras comunistas en varios países, como Yugoslavia bajo Tito y Albania bajo Hoxha, aunque Tito eventualmente se separó de Stalin.

El totalitarismo en el Bloque del Este se caracterizó por episodios de violencia y represión, todos bajo el control del Pacto de Varsovia y de Moscú.
Rumania
Nicolae Ceaucescu fue el presidente de la República Socialista de Rumanía desde 1967 hasta su ejecución en 1989. Al principio, promovió una política de apertura moderada hacia Occidente, pero rápidamente se tornó en un líder autoritario, instaurando un culto a su personalidad y ejerciendo un control severo sobre la disidencia mediante la Securitate, la policía política del régimen.
Sus extravagantes espectáculos y ambiciosas obras públicas fueron parte de su estrategia para mantener el control y silenciar al pueblo. Rumanía fue el último país del bloque soviético en deshacerse de su dictador, que fue derrocado durante una revolución popular y ejecutado en 1989, dejando un legado trágico marcado por un gran número de víctimas.

China
Por otro lado, Mao Zedong proclamó la República Popular de China en 1949, lo que generó preocupación en Occidente debido a la unión entre la URSS y China.
A pesar de ser inicialmente admirado, su gobierno estuvo marcado por políticas desastrosas como el Gran Salto Adelante, que resultó en una hambruna con millones de fallecimientos.
La Revolución Cultural también dejó un legado doloroso, con una alta cantidad de muertes, y fue utilizada por Mao para consolidar su poder, incitando a la población a perseguir y eliminar a los disidentes.
Moscú nunca logró someter a Mao al control soviético, especialmente tras la muerte de Stalin y el ascenso de Kruschev, lo que deterioró las relaciones entre ambas naciones.
Camboya
La intervención fallida de Estados Unidos en Vietnam llevó a la instauración del régimen comunista de los Jemeres Rojos en Camboya, liderado por Pol Pot, de 1975 a 1979.
Dicho régimen provocó un genocidio que resultó en la muerte de un millón y medio de personas, debido a hambrunas, trabajos forzados y crueles castigos, además de otros ochocientos mil crímenes políticos contra disidentes y opositores.
En Asia Oriental, también surgieron dictadores comunistas como Kim Il-Sung en Corea del Norte, quien estableció un estado autoritario con un fuerte culto al líder y sin espacio para la disidencia.

La Doctrina Truman y Latinoamérica
La Doctrina Truman fue un pretexto moral para que Estados Unidos defendiera la democracia occidental frente al comunismo, a la vez que apoyaba regímenes autoritarios en Latinoamérica.
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La Revolución Cubana de 1959, que derrocó al dictador Fulgencio Batista, marcó un cambio en la dinámica al atraer la atención de la Unión Soviética, que veía en Castro una oportunidad en su lucha contra el imperialismo estadounidense.
La respuesta de Estados Unidos fue fortalecer su control en la región mediante la Doctrina Truman, que autorizó intervenciones para mantener dictadores afines a sus intereses, como se evidenció en el derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Árbenz en 1954.
Asimismo, en Nicaragua, Estados Unidos apoyó a la dictadura de Somoza y, tras la Revolución Sandinista en 1979, financió a la Contra para restaurar un régimen favorable a sus políticas.
La retórica de promover la libertad se contradijo con acciones que perpetuaron gobiernos represivos en el continente.
Estados Unidos ha patrocinado a numerosos dictadores a lo largo de la historia. Rafael Leónidas Trujillo, en República Dominicana, es responsable de hasta 50 mil asesinatos, incluida la Masacre de Perejil, y perdió el apoyo estadounidense, que finalmente facilitó su asesinato en 1961.
Jorge Rafael Videla, en Argentina, recibió apoyo estadounidense para llevar a cabo un golpe de Estado en 1976, lo que desencadenó un régimen de terror que desapareció a más de 30 mil personas, en el marco de la Operación Cóndor, supervisada por Henry Kissinger.
África
En África, el fin del colonialismo trajo consigo dictaduras poscoloniales apoyadas por Occidente.
Aunque antes de la colonización había formas democráticas de gobierno, los nuevos líderes dictatoriales perpetuaron la represión y el control, respondiendo a los intereses de las potencias europeas.
Idi Amin Dada, quien gobernó Uganda en los años 70, es uno de los dictadores más despiadados, responsable de más de 300 mil muertes y brutal tortura, mientras contaba con el respaldo de la Unión Soviética e Israel.

Jean-Bédel Bokassa tomó el poder de la República Centroafricana mediante un golpe de Estado en 1966 y se autoproclamó emperador, llevando al país a la bancarrota para financiar su ceremonia de coronación.
Se le atribuyen numerosos asesinatos y torturas, pero contaba con el apoyo de Francia hasta que se reveló que había ordenado la muerte de niños que se negaron a usar su uniforme. En 1979, Francia organizó su derrocamiento.
Por otro lado, Mobutu Sese Seko, dictador de Zaire, fue elogiado por Nixon por aportar “estabilidad”, mientras saqueaba el país y apoyaba el genocidio ruandés.