El gobierno de México anunció su intención de explotar yacimientos de gas natural no convencional, donde se obtiene el hidrocarburo mediante fracturación hidráulica, con el objetivo de disminuir la alta dependencia del país del gas importado, principalmente desde Estados Unidos, que cubre el 75% del consumo nacional.
Durante el anuncio, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo evitó usar la palabra “fracking” y afirmó que la extracción se buscará “de manera sustentable, que los impactos ambientales se disminuyan al máximo”. Señaló que un comité técnico evaluará en los próximos dos meses la factibilidad de aplicar técnicas menos dañinas, como el uso de menores cantidades de químicos y agua no potable, así como los costos asociados.
Sheinbaum recordó que “todo el gas que importamos viene de un tipo de explotación que tiene impactos ambientales” y se encuentra “a 100 metros de la frontera” con México, en alusión a los proyectos de fracturación en Texas.
Desde su llegada al poder en octubre de 2024, la mandataria ha impulsado energías renovables, pero mantiene un fuerte apoyo a Petróleos Mexicanos, argumentando que México no puede prescindir del petróleo ni de otros combustibles fósiles. La prioridad, señaló, es garantizar la soberanía energética frente a crisis internacionales, como la escasez de gas ruso en Europa durante la guerra de Ucrania o la actual guerra en Medio Oriente.
“¿Qué ponemos en el centro? La soberanía… el desarrollo para nuestro país”, dijo Sheinbaum, destacando que aunque México mantiene contratos de importación de gas con Estados Unidos, aumentar la producción interna es una decisión “responsable”. Reconoció, sin embargo, que sustituir completamente las importaciones es “difícilmente” posible.
México es el mayor comprador de gas estadounidense del mundo. En 2025, el país registró un consumo récord de 9 mil 100 millones de pies cúbicos diarios, de los cuales 6 mil 800 millones fueron importados, principalmente para generación eléctrica. Se estima que la demanda aumentará un 30%