México ocupa el primer lugar en producción y distribución de productos ultraprocesados en América Latina y se posiciona como el cuarto mayor consumidor de estos alimentos a nivel mundial. Organismos internacionales estiman que cada persona adquiere en promedio 212 kilogramos de productos ultraprocesados al año, una cifra que refleja la creciente presencia de estos alimentos en la dieta de la población mexicana.
Más del 70 por ciento de la población consume habitualmente productos ultraprocesados, entre los que destacan bebidas azucaradas, botanas, dulces, pastelillos, galletas, pan dulce empaquetado y sopas instantáneas. Su bajo costo, amplia disponibilidad y facilidad de consumo han favorecido su incorporación en los hábitos alimentarios, particularmente en zonas urbanas y entre familias con acceso limitado a alimentos frescos y nutritivos.
El consumo frecuente de estos productos está asociado con un mayor riesgo de desarrollar sobrepeso, obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. Datos nacionales muestran que el 40.4 por ciento de los adolescentes mexicanos presentaba sobrepeso u obesidad entre 2020 y 2023, una situación que ha mantenido las alertas sobre la salud pública en el país.
Las niñas, niños y adolescentes figuran entre los principales consumidores de alimentos ultraprocesados. Diversos organismos internacionales han señalado que estos productos representan una proporción significativa de las calorías consumidas diariamente por este sector de la población, lo que ha impulsado el fortalecimiento de políticas públicas orientadas a promover hábitos alimentarios más saludables.
Las Guías Alimentarias Saludables y Sostenibles para la Población Mexicana recomiendan privilegiar el consumo de frutas, verduras, cereales integrales y alimentos preparados con ingredientes naturales, además de revisar el etiquetado frontal de advertencia para tomar decisiones informadas sobre la alimentación cotidiana.