México reforzó la vigilancia meteorológica ante el desarrollo de El Niño, fenómeno que podría alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026 y modificar los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del país. La Organización Meteorológica Mundial prevé que sus efectos puedan extenderse hasta febrero de 2027.
La preparación incluye el seguimiento de las condiciones del océano Pacífico, donde se analiza de manera constante la temperatura de las aguas superficiales y subsuperficiales, además de otros indicadores atmosféricos que permiten anticipar la evolución del fenómeno.
Entre los posibles efectos para México están temperaturas más elevadas en algunas regiones, cambios en las precipitaciones y un mayor riesgo de fenómenos meteorológicos extremos. Especialistas también han advertido sobre una posible mayor actividad de huracanes de categoría 3, 4 y 5 durante los meses de septiembre a noviembre, además de frentes fríos más intensos y duraderos durante el otoño y el invierno.
Las autoridades buscan mejorar la capacidad de respuesta mediante sistemas de monitoreo y mecanismos de alerta para informar a la población con anticipación ante condiciones peligrosas. La Coordinación Nacional de Protección Civil también ha recomendado identificar rutas de evacuación y refugios temporales, además de mantener preparada una mochila de emergencia.
El Niño es una fase del fenómeno climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur, asociado con un calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial. Su presencia altera la circulación atmosférica y puede generar condiciones distintas de temperatura y lluvia en diversas partes del mundo.
La intensidad que alcance durante los próximos meses será determinante para conocer el impacto específico que tendrá en México. Por ello, el seguimiento de las condiciones oceánicas y atmosféricas permitirá ajustar las medidas preventivas conforme avance el fenómeno.