El gobierno de México dio un paso importante en la protección de su biodiversidad y patrimonio agrícola con la firma de un decreto que pone fin al cultivo de semillas de maíz transgénico.
La presidenta, Claudia Sheinbaum, formalizó esta medida el lunes, que ya cuenta con el respaldo del Congreso de la Unión y la mayoría de los legislativos estatales.
El decreto establece que, en el territorio mexicano, el maíz deberá cultivarse libre de modificaciones genéticas que sobrepasen las barreras naturales de reproducción o recombinación.
El texto también subraya que el uso de maíces transgénicos estará sujeto a una regulación estricta, con el objetivo de proteger la bioseguridad, la salud pública y la preservación del patrimonio biocultural del país.
La medida busca evitar que los cultivos modificados genéticamente representen una amenaza para la diversidad biológica de México, un país considerado el centro de origen del maíz.
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Además, el decreto promueve la conservación de los cultivos tradicionales, en particular el sistema milpa, que ha sido fundamental en la agricultura mexicana durante siglos.
El uso de semillas nativas será incentivado como una forma de garantizar el uso óptimo de la tierra y proteger las variedades locales que han sido cultivadas de generación en generación.
Una vez que el decreto entre en vigor, el Congreso de la Unión tendrá un plazo de 180 días para ajustar las leyes y regulaciones en materia de cultivo y comercialización de maíz.