Mientras la inteligencia artificial comienza a transformar el mercado laboral mexicano, Michoacán permanece sin una medición estatal que permita conocer cuántos empleos están expuestos a la automatización, qué sectores podrían resultar afectados y cuáles son las capacidades tecnológicas que necesita desarrollar su fuerza laboral.
En el ámbito nacional, análisis económicos de Citibanamex estiman que cerca del 30% de los empleos formales enfrenta algún nivel de exposición a la inteligencia artificial. Esto no significa que todos esos puestos vayan a desaparecer, sino que sus funciones podrían modificarse o incorporar procesos automatizados.
Otras estimaciones ubican entre 5% y 19% la proporción del mercado laboral con exposición media o alta a herramientas de automatización inteligente, dependiendo de los criterios utilizados y de las actividades susceptibles de sustitución o transformación.
La incertidumbre también alcanza a los trabajadores. El estudio The New Talent Equation: Activating Workforce Confidence at Scale, de ManpowerGroup, señala que 78% de las empresas en México identifica temor entre sus colaboradores ante la posibilidad de perder su empleo por el avance de la inteligencia artificial. Frente a este escenario, numerosas organizaciones priorizan la reasignación de personal y la capacitación para desarrollar nuevas habilidades, proceso conocido como reskilling, antes que los despidos.
IBM ha advertido que los avances tecnológicos están modificando las competencias requeridas en el mercado laboral y obligan a mantener actualizados los conocimientos técnicos. La velocidad de evolución de estas herramientas presiona tanto a las empresas como a los trabajadores para adaptarse a nuevas formas de producción, análisis y prestación de servicios.
Microsoft Research, por su parte, ha señalado que la inteligencia artificial generativa funciona como una herramienta de asistencia en numerosas actividades y no necesariamente como sustituta de profesiones completas. Entre las tareas que pueden acelerarse se encuentran la redacción de documentos, el análisis de datos y el procesamiento de información, aunque sus efectos dependen de cada ocupación y del grado de incorporación tecnológica.
En Michoacán no existe un análisis desglosado de los últimos cinco años que permita dimensionar los efectos de la inteligencia artificial sobre la fuerza laboral.
Tampoco las cámaras empresariales ni las instituciones financieras han presentado evaluaciones sobre su impacto en la economía estatal, mientras que el marco legislativo mantiene rezagos en materia de protección de datos personales y regulación del uso de estas tecnologías. La ausencia de indicadores locales impide conocer la magnitud del riesgo para los trabajadores michoacanos y limita la posibilidad de diseñar estrategias de capacitación, adaptación y protección del empleo.