Los microorganismos que acompañen a los astronautas en futuras misiones lunares podrían resistir durante cierto tiempo en las regiones permanentemente sombreadas del polo sur de la Luna, lo que representaría un riesgo de contaminación para las investigaciones que buscan indicios de vida antigua.
Un estudio de la NASA, publicado en la revista Science Advances, analizó la capacidad de supervivencia de distintos microorganismos en tres zonas cercanas al polo sur lunar: el borde del cráter Nobile, la Cresta de Conexión y el borde del cráter De Gerlache.
Para determinar las condiciones que podrían enfrentar estos organismos, los investigadores utilizaron mapas detallados de temperatura y elevación y desarrollaron modelos capaces de identificar posibles zonas donde los microbios podrían permanecer con vida, desde las profundidades de grandes cráteres hasta superficies que podrían ser tocadas por los astronautas.
El equipo analizó cinco microorganismos comunes en la piel humana y en el interior de las naves espaciales. Entre ellos estuvo el hongo Aspergillus niger, que mostró la mayor resistencia a las condiciones evaluadas.
El microorganismo logró soportar incluso áreas donde recibe cierta cantidad de luz solar, a pesar de que la radiación ultravioleta es utilizada habitualmente como método de desinfección en instalaciones médicas.
Los investigadores señalan que evitar por completo el traslado de microorganismos resulta prácticamente imposible durante una misión tripulada. Los astronautas desprenden células y bacterias de su piel, mientras que los trajes y hábitats también pueden convertirse en vehículos para transportar estos organismos hacia la superficie lunar.
Las misiones robóticas cuentan con procesos de esterilización extremos, que pueden incluir el calentamiento de los equipos a temperaturas superiores a los 204 grados Celsius. Sin embargo, aplicar procedimientos similares a una misión con seres humanos no resulta viable.
El polo sur lunar presenta condiciones particularmente interesantes para este problema. Debido a la escasa inclinación del eje de la Luna, el Sol permanece muy cerca del horizonte y algunas elevaciones impiden que la luz llegue directamente a determinadas regiones. Como consecuencia, existen zonas que permanecen en oscuridad y conservan temperaturas extremadamente bajas.
Estas sombras permanentes también son relevantes para la exploración lunar porque pueden preservar depósitos de agua y proteger materiales de la radiación solar.
Los científicos aclaran que sobrevivir en la Luna no significa necesariamente que los microorganismos puedan reproducirse. El estudio se refiere a la posibilidad de que permanezcan con vida durante al menos un día terrestre, ya que las condiciones lunares no ofrecen elementos esenciales para su crecimiento, particularmente agua líquida.
El hallazgo cobra relevancia ante los planes de regresar con astronautas a la superficie lunar. La NASA contempla una misión tripulada para 2028, después de más de cinco décadas sin presencia humana en la superficie del satélite, como parte de una estrategia que también busca preparar futuras expediciones y una presencia más prolongada de seres humanos en la Luna.
La posibilidad de transportar microorganismos terrestres obliga a considerar medidas adicionales de protección planetaria, especialmente en regiones que podrían conservar información sobre la historia del Sistema Solar y que, en el futuro, podrían servir como referencia para la búsqueda de señales de vida en otros mundos, incluido Marte.