Morelia dejó de ser una zona secundaria para el dengue. En los últimos años, la capital se ha colocado entre los municipios con mayor número de casos en Michoacán, junto con Zamora, Uruapan, Jacona y Huetamo.
El cambio no es menor. Históricamente, la enfermedad se concentraba en regiones cálidas como la Costa y Tierra Caliente. Hoy, la presencia del virus se ha desplazado hacia zonas urbanas de mayor altitud, incluyendo la capital del estado.
Datos de la Secretaría de Salud de Michoacán ubican a Morelia de forma recurrente dentro de los principales focos de atención, con brotes que varían en intensidad cada año pero que ya no son considerados atípicos.
Dentro de la ciudad, la distribución tampoco es uniforme. Se estima que cerca del 40 por ciento de los casos se concentra en un número reducido de colonias, donde las condiciones urbanas favorecen la reproducción del mosquito.
Entre las zonas con mayor incidencia se encuentran colonias como Obrera y El Realito, donde factores como acumulación de agua, densidad habitacional y servicios irregulares influyen en la propagación.
El comportamiento de la enfermedad también ha cambiado por factores más amplios. Autoridades sanitarias han señalado la influencia del clima, el aumento de temperaturas y la circulación de distintos serotipos del virus como elementos que modifican su alcance geográfico.
A nivel nacional, México ha registrado repuntes cíclicos de dengue en los últimos años, con incrementos importantes en temporadas recientes, lo que ha obligado a ampliar las zonas de vigilancia más allá de las regiones tradicionalmente endémicas.
Y así, Morelia ya no figura como una excepción dentro del mapa estatal, sino como parte de una nueva dinámica donde el dengue se adapta al entorno urbano y mantiene presencia constante, incluso fuera de las zonas históricamente afectadas.