La robustez de la economía estadounidense encuentra uno de sus pilares más sólidos en la comunidad mexicana. Según cifras oficiales del Gobierno de México, los residentes mexicanos en Estados Unidos generaron una aportación de 781,000 millones de dólares al PIB en 2024. Para dimensionar esta magnitud, si esta comunidad fuera una nación independiente, su economía superaría a la de la mayoría de los países del mundo, situándose como la décima potencia económica global, por encima de naciones con gran presencia industrial.
Esta riqueza generada no solo beneficia al consumo privado, sino que es fundamental para el erario público estadounidense. El American Immigration Council detalla que la población migrante en su conjunto pagó cerca de 651,900 millones de dólares en impuestos durante 2023. Esto significa que casi el 20% de la recaudación total de Estados Unidos proviene de trabajadores migrantes, quienes sostienen servicios públicos y programas de seguridad social de los que, en muchos casos, ni siquiera pueden beneficiarse debido a su estatus migratorio.
Sectores esenciales y realidad social
La dependencia de la economía norteamericana respecto a esta mano de obra es estructural. El Pew Research Center señala que, aunque los migrantes indocumentados representan una minoría de la población, constituyen el 5% de la fuerza laboral total, con concentraciones críticas en industrias donde la automatización aún no es viable: a) Agricultura: Siendo la base de la seguridad alimentaria del país. b) Construcción: Motor del desarrollo de infraestructura y vivienda. c) Servicios y Empaquetado: Eslabones vitales de la cadena de suministro logística.
Desmontando mitos sobre criminalidad
Frente a las narrativas de criminalización que suelen dominar el discurso político, la evidencia académica presenta una realidad distinta. Guillermo Castillo Ramírez, investigador de la UNAM, enfatiza que las personas migrantes son trabajadores esenciales y contribuyentes constantes. Estudios citados por especialistas demuestran que los migrantes tienen hasta un 30% menos de probabilidades de ser encarcelados en comparación con los ciudadanos nacidos en Estados Unidos, y presentan tasas de criminalidad significativamente menores.
Estos datos subrayan que el flujo migratorio no es solo un fenómeno social, sino una necesidad económica para Estados Unidos. La integración de estos trabajadores permite la viabilidad de sectores productivos enteros, contradiciendo las posturas que sugieren que la migración representa una carga fiscal, cuando en realidad es uno de los subsidios más grandes al crecimiento del Producto Interno Bruto estadounidense.