Dolores Huerta, una de las principales figuras del movimiento por los derechos laborales y civiles de la comunidad latina en Estados Unidos, murió este miércoles a los 96 años, informó su familia.
La activista dedicó más de seis décadas a organizar a trabajadores agrícolas, impulsar mejores condiciones laborales y defender los derechos de comunidades históricamente marginadas. Su nombre quedó asociado a las luchas sindicales de los años sesenta y setenta, cuando miles de jornaleros enfrentaban bajos salarios y condiciones precarias en los campos estadounidenses.
Huerta fundó en 1962, junto con el líder sindical César Chávez, la Asociación Nacional de Trabajadores Agrícolas, organización que posteriormente se convirtió en United Farm Workers (UFW), uno de los sindicatos más representativos del sector agrícola en el país.
Desde esa organización participó en huelgas, boicots y negociaciones con productores agrícolas para conseguir mejores salarios, prestaciones y garantías laborales para los trabajadores del campo.
Uno de sus mayores legados fue la consigna “Sí se puede”, que impulsó durante una huelga en Phoenix, Arizona, en 1972. Con el paso de los años, la frase trascendió el movimiento campesino y se convirtió en un lema utilizado en distintas movilizaciones sociales y políticas.
Nacida el 10 de abril de 1930 en Dawson, Nuevo México, Dolores Clara Fernández Huerta comenzó su trayectoria profesional como maestra. Sin embargo, al conocer las condiciones de pobreza en las que vivían algunos de sus alumnos y sus familias, decidió involucrarse en la organización comunitaria y la defensa de los trabajadores.
Su participación en el movimiento sindical la llevó a convertirse en una de las principales negociadoras de la UFW. También intervino en campañas para promover el registro electoral de mexicoestadounidenses y amplió su trabajo a la defensa de los derechos de las mujeres y las personas migrantes.
En 2012 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, uno de los mayores reconocimientos civiles de Estados Unidos, por su trayectoria en la defensa de los derechos humanos y laborales.
En marzo de 2026, Huerta volvió a ocupar la atención pública al revelar que había sufrido agresiones sexuales por parte de César Chávez, su compañero en la lucha sindical. Según su testimonio, de esos abusos nacieron dos de sus hijos, un hecho que mantuvo en secreto durante décadas.
La activista explicó que había guardado silencio por temor a perjudicar al movimiento de trabajadores agrícolas y al trabajo colectivo que había contribuido a construir.
La revelación añadió una nueva dimensión a la historia del sindicalismo agrícola estadounidense y abrió un debate sobre la trayectoria de uno de sus dirigentes más reconocidos.
Tras confirmar su fallecimiento, la familia de Huerta pidió privacidad durante el duelo y adelantó que posteriormente dará a conocer los planes para rendir homenaje a su vida y legado.