Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en julio de 1914, muchos europeos creyeron que la lucha terminaría para Navidad; sin embargo, casi seis meses después del inicio del conflicto, cientos de miles de soldados se vieron obligados a celebrar las festividades en las heladas trincheras de Europa occidental.
A pesar de las circunstancias adversas, en la Navidad de 1914, en toda Europa, se llevaron a cabo campañas navideñas para recoger y distribuir regalos a los soldados en el frente.
Los británicos recibieron una lata con el perfil de la princesa Mary, que contenía chocolate, tabaco y una nota de los Reyes: “Que Dios los proteja y los traiga sanos y salvos a casa”.
Por su parte, las fuerzas alemanas fueron obsequiadas por el Kaiser Guillermo II con pipas para los soldados y paquetes de cigarrillos para los oficiales.
En Francia, el presidente Raymond Poincaré visitó un almacén en París donde se acumulaban regalos para los soldados franceses, de entre los que se tiene registro de mil 200 botelas de vino proporcionadas por los productores.
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La Navidad también llegó a los hospitales, Mary Dexter, una voluntaria estadounidense de la Cruz Roja británica, escribió: “Estamos ocupados, en minutos impares, haciendo medias de gasa para nuestros 200 hombres; cada una contendrá fruta, mermelada y tabaco”.
En un hospital de Berlín, las enfermeras repartieron golosinas y decoraron pequeños árboles de Navidad.
Uno de los episodios más memorables fue la tregua espontánea que tuvo lugar a lo largo del frente occidental, especialmente entre las fuerzas británicas y alemanas.
En Nochebuena, los soldados alemanes decoraron las trincheras con abetos y cantaron villancicos, a lo que los británicos respondieron con serenatas navideñas. Al amanecer del día de Navidad, los hombres se encontraron en la tierra de nadie, intercambiando saludos y regalos de ron y puros.
Quizás el evento más emblemático fue el partido de futbol entre soldados enemigos.
Aunque los relatos de estos encuentros son escasos, dos cartas de soldados británicos confirmaron que se había jugado un “partido de fútbol” en Wulvergem, Bélgica.
A pesar de que los partidos fueron menos numerosos de lo que se creía, su memoria ha sido honrada en conmemoraciones, incluyendo una escultura en Liverpool y una pelota de fútbol de acero presentada en Saint-Yvon, Bélgica.
Sin embargo, la tregua de 1914 no duró; a medida que la guerra se intensificaba, los mandos militares emitieron órdenes para evitar cualquier nueva celebración conjunta. Las siguientes Navidades, marcadas por el horror de la guerra, serían muy diferentes.