La nochebuena es una flor que ha llegado a ser sinónimo de la Navidad, y aunque históricamente su uso se limitaba a la decoración de instituciones y hogares, la nochebuena —conocida internacionalmente como poinsettia— ha comenzado a encontrar su camino en las cocinas más creativas del país.
Durante años, diversas interpretaciones erróneas sobre estudios anteriores alimentaron la creencia de que la flor era venenosa.
Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que, aunque su savia puede causar irritación leve en personas con piel sensible, la nochebuena es segura para el consumo humano.
La nochebuena en la gastronomía
En la cocina, los pétalos de la nochebuena son valorados por su color rojo y su textura suave, y su función va más allá del sabor; se ha convertido en un elemento decorativo que aporta un toque visual y simbólico a los platillos.
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En Oaxaca, algunos cocineros han comenzado a crear tamales dulces adornados con pétalos frescos, y en la Ciudad de México, la flor ha sido utilizada para elaborar jarabes, innovando en la coctelería local con bebidas.
Adicionalmente, la nochebuena ha encontrado su lugar en infusiones, jaleas y ensaladas. Cada vez es más común verla como un adorno comestible en postres, ensaladas e incluso en platos principales en restaurantes de alta cocina.
Su arraigo en la identidad cultural mexicana se remonta a los mexicas, para quienes la nochebuena o cuetlaxóchitl (flor que se marchita) simbolizaba pureza y renacimiento.
Para aquellos que se animen a experimentar en casa, es recomendable utilizar nochebuenas cultivadas de manera orgánica y libres de pesticidas.
Antes de usarlas, lava cuidadosamente los pétalos y pruébalos como decoración o en infusiones
Su versatilidad permite integrarlas en postres, bebidas o platos fríos, elevando la experiencia culinaria.