Ocho amigos, organizados en cuatro parejas, construyeron un pequeño conjunto de viviendas conocido como Bestie Row en la región de Hill Country, cerca del río Llano, en el estado de Texas, al sur de Austin. El proyecto surgió como una decisión conjunta para vivir cerca unos de otros a largo plazo y acompañarse durante la vejez.
El terreno fue adquirido de manera colectiva y el diseño del conjunto se planeó desde el inicio como una comunidad de casas pequeñas, cada una con espacios privados independientes y un área común destinada a la convivencia. Aunque en redes sociales suele describirse como “una aldea”, se trata técnicamente de un desarrollo habitacional comunitario, sin infraestructura pública propia ni carácter urbano formal.
Las viviendas fueron construidas con un enfoque funcional y sustentable, incorporando sistemas de energía solar, captación de agua de lluvia y materiales de bajo mantenimiento. El tamaño reducido de las casas responde a una lógica práctica, facilitar el cuidado del espacio, reducir costos y permitir una vida cotidiana más simple.
Los integrantes del proyecto son amigos de larga data, algunos con más de dos décadas de relación previa. No todos los nombres de los miembros han sido difundidos públicamente, ya que el proyecto no fue concebido como una iniciativa mediática, sino como una decisión personal y privada. La comunidad comenzó a llamar la atención años después, cuando fue documentada por medios internacionales de arquitectura y estilo de vida.
Bestie Row no funciona como una cooperativa formal ni como un retiro colectivo, cada pareja es propietaria de su vivienda y mantiene autonomía económica y personal. La cercanía física permite apoyo mutuo cotidiano sin depender de una estructura institucional, algo que sus creadores consideraron clave al pensar en el envejecimiento.
El caso ha sido citado como ejemplo de nuevas formas de vivienda comunitaria, especialmente entre adultos mayores que buscan alternativas a los modelos tradicionales de residencia individual o institucionalizada. Aunque no es un modelo replicable de forma general, sí ilustra una tendencia creciente hacia proyectos habitacionales basados en afinidad, acuerdos previos y planificación compartida.