Omar Delgado baja del pedestal a los relatos históricos
evangelio | 28 noviembre, 2024

Omar Delgado (CDMX, 1975) es un escritor interesado en estudiar la historia de México y llevarla a los libros, pero no de forma convencional, sino a través de ficciones que no le temen a nada, ni siquiera al cruce de personajes con características apegadas al género de lo fantástico.

Esta semana recibió el Premio de Novela José Rubén Romero por su obra Los mil ojos de la selva, que será publicada a principios de 2025 en una coedición de Nitro-Press y La Cuarta República, un nuevo sello editorial del gobierno del estado de Michoacán. El libro aborda desde la ficción un momento histórico del país que no ha sido tan estudiado: la culminación de la guerra de castas en Yucatán, ocurrida en mayo de 1901.

De acuerdo al acta del jurado, del que participaron Andrés Acosta, Elsie Michel Ortega y Raquel Castro, el autor presentó “un buen desarrollo narrativo y la creación de personajes complejos y creíbles en un contexto de época, además del equilibrio entre la investigación histórica y la imaginación fantástica, con buen suspenso y tintes de terror que no rompen con la verosimilitud”.

En entrevista, Delgado señala que la guerra de castas fue “una conflagración muy sangrienta y muy prolongada que ocurrió en la Península y que confrontó a los pueblos mayas con la parte blanca, la parte occidental de los habitantes, los meridianos. Es un episodio no muy conocido dentro de la historia, pero fue una de las guerras más prolongadas de todo el continente que duró casi 52 años”.

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La novela se centra en la última batalla de este conflicto para construir un relato fantástico que traza a un personaje conocido como Alcazabal, un demonio maya que mueve todos los hilos dentro de esta lucha. También incorpora a algunos participantes del famoso baile de los 41, quienes  fueron obligados a pelear.

Los mil ojos de la selva forma parte de una trilogía que comenzó con “Hasburgo” y va a concluir con un libro que está en pleno proceso de escritura. “Mi apuesta ha sido jugar con personajes y con episodios históricos de los más relevantes de la historia de México para darles esa segunda vuelta, para darles ese lado B y poderlos analizar de otra manera”.

Y añade: “Finalmente con esto quitas al discurso histórico esa importancia que muchas veces pretende ser inamovible, humanizas a estos grandes próceres que de repente los vemos en bronce, que los vemos muy rígidos y nos olvidamos que eran personas que comían mole, que tenían hijos, que bailaban y que fumaban. Me gusta bajarlos del pedestal y mezclar los hechos con otros subgéneros”.

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