Pátzcuaro carga desde hace tiempo una doble imagen: la del destino turístico emblemático de Michoacán y la de una región donde la desaparición de personas dejó de ser un episodio aislado para convertirse en un problema sostenido. Los registros oficiales de la Comisión de Búsqueda del Estado muestran con claridad ese deterioro. Al 31 de mayo de 2024, el municipio acumulaba 178 personas desaparecidas y no localizadas, de las cuales 144 eran hombres y 34 mujeres. Siete meses después, para el corte del 30 de diciembre de 2024, la cifra subió a 215, integrada por 171 hombres y 44 mujeres.
Ese crecimiento no es menor. En menos de un año, el municipio sumó 37 casos adicionales en el registro oficial y cerró 2024 dentro del grupo de demarcaciones con mayor incidencia en el estado. En el mismo corte, Morelia concentró 2 mil 566 casos acumulados, Uruapan 1 mil 011 y Zamora 811, mientras que Pátzcuaro quedó con 215, a la par de Hidalgo. La distancia con los tres primeros lugares sigue siendo amplia, pero el dato relevante es otro: Pátzcuaro ya no aparece como una excepción regional, sino como parte del mapa rojo de desapariciones en Michoacán.
La presión también se observa cuando se mira la región. En el corte de mayo de 2024, la Región VII Pátzcuaro acumulaba 282 personas desaparecidas y no localizadas. Para diciembre de 2024, esa misma región ya registraba 307. Dentro de ella, el municipio de Pátzcuaro seguía siendo el principal concentrador, por encima de Quiroga, Salvador Escalante, Tzintzuntzan, Huiramba, Erongarícuaro y Lagunillas. Ese patrón confirma que el problema no se distribuye de manera homogénea: el peso específico recae en la cabecera y su zona inmediata de influencia.
Los datos oficiales conviven, además, con una cifra negra que los colectivos consideran decisiva para entender la dimensión real del fenómeno. En enero de 2025, el colectivo Buscando tus Pasos informó que durante 2024 documentó 11 casos denunciados formalmente ante las autoridades y 22 más que no fueron denunciados por temor, lo que elevó su conteo local a 33 episodios en ese periodo. Esa información no sustituye al registro estatal histórico, pero sí retrata un problema adicional: no todo lo que ocurre llega de inmediato a carpeta, denuncia o cédula pública.
La propia evolución de los reportes alimentó esa alarma. A comienzos de 2025, se reportó que en los primeros días del año ya se contabilizaban al menos cuatro desapariciones en Pátzcuaro, entre ellas las de José Alberto Hernández Sánchez y Francisco Javier Núñez, ambos vistos por última vez el 7 de enero. Meses después, en abril de 2025, la periodista Salud Martínez documentó que el colectivo local hablaba ya de cuatro a cinco casos por semana, de los cuales apenas uno se denunciaba, mientras el resto quedaba fuera del circuito formal por miedo a represalias. Aunque esa cifra proviene de testimonios del colectivo y no de una estadística oficial consolidada, sirve para ilustrar la velocidad con la que el problema empezó a ser percibido en el terreno.
El contraste entre registro oficial y denuncia social también exhibe un cambio de escala. En mayo de 2024, la propia Comisión de Búsqueda ubicaba a la zona Pátzcuaro–Tacámbaro entre las áreas de alta incidencia del estado. Para diciembre de ese mismo año, el organismo amplió ese diagnóstico a 12 zonas de alta incidencia, y mantuvo a Pátzcuaro–Tacámbaro dentro del mapa prioritario. No se trata solo de casos aislados en un municipio turístico, sino de una región ya identificada institucionalmente como foco persistente de desaparición.
En paralelo, la respuesta institucional ha buscado fortalecerse en 2026. La Fiscalía de Michoacán informó en febrero que realizó en Pátzcuaro una jornada de toma de muestras genéticas para familiares de personas desaparecidas, con 53 tomas y 108 atenciones en el primer día. En marzo, distintas publicaciones reportaron además que el municipio fue reconocido por la creación de la primera Célula Municipal de Búsqueda de Personas Desaparecidas en el estado. Esos movimientos muestran una activación operativa mayor, aunque por sí mismos no borran la acumulación previa ni resuelven el rezago histórico.
A escala estatal, la dimensión del problema ayuda a entender por qué Pátzcuaro importa. En el corte del 30 de diciembre de 2024, Michoacán acumulaba 6 mil 281 personas desaparecidas y no localizadas, de las cuales 5 mil 268 eran hombres y 1 mil 007 mujeres, con un histórico general de 11 mil 291 registros entre desaparecidas, no localizadas y localizadas. Pátzcuaro, con 215 casos acumulados al cierre de ese año, representa una fracción menor frente al total estatal, pero suficiente para colocarlo dentro del grupo de municipios con mayor carga.
El problema, entonces, no se resume en una cifra suelta ni en una posición de ranking. Lo que muestran los registros es un municipio que pasó de 178 a 215 casos oficiales en siete meses, una región ya identificada como prioritaria por la autoridad de búsqueda y un entorno donde los colectivos siguen advirtiendo subregistro por miedo. Pátzcuaro todavía se vende hacia afuera como escaparate cultural de Michoacán; hacia adentro, sus números lo colocan desde hace tiempo en otra conversación: la de los territorios donde desaparecer dejó de ser una anomalía y empezó a formar parte de la estadística dura del estado.