El exfutbolista argentino Diego Armando Maradona murió de manera súbita y no presentaba una enfermedad cardíaca detectable antes de su fallecimiento, afirmó el cardiólogo Ricardo Iglesias durante el juicio contra siete profesionales de la salud involucrados en su atención.
Iglesias declaró que el corazón de Maradona era “absolutamente normal” y sostuvo que no existían elementos que permitieran anticipar un desenlace de ese tipo. Su testimonio contradice las declaraciones de otros especialistas que habían señalado que el exjugador padecía una miocardiopatía dilatada y que su corazón estaba agrandado.
El especialista también explicó que Maradona había sido diagnosticado en el año 2000 con una miocardiopatía relacionada con el consumo de sustancias tóxicas, pero aseguró que, una vez superado ese problema, su función cardíaca habría regresado a niveles normales.
Durante la audiencia, el fiscal Cosme Iribarren cuestionó al perito sobre síntomas registrados antes de la muerte del exfutbolista, entre ellos hinchazón, taquicardia, fatiga y ronquidos. Iglesias consideró que estos signos no permitían anticipar un evento cardíaco, aunque reconoció que hubo episodios relacionados con hipertensión que pudieron ameritar medidas médicas.
Maradona murió el 25 de noviembre de 2020, mientras permanecía bajo un tratamiento domiciliario después de una cirugía cerebral. El manejo médico que recibió en sus últimos días es el centro del proceso judicial.
Entre los siete profesionales que enfrentan el juicio se encuentran el neurocirujano Leopoldo Luque, la psiquiatra Agustina Cosachov, la coordinadora de cuidados domiciliarios Nancy Forlini y otros integrantes del equipo que atendió al exfutbolista.
El testimonio de Iglesias forma parte de las pruebas que buscan establecer las circunstancias que rodearon la muerte de Maradona y determinar las posibles responsabilidades de los profesionales procesados.