La economía mexicana registró un crecimiento de 1.5 por ciento durante el segundo trimestre de 2026, superando las previsiones del mercado y recuperándose de la contracción de 0.6 por ciento observada en los primeros tres meses del año. Se trata del mejor desempeño trimestral desde finales de 2020.
El avance fue impulsado por el dinamismo de las exportaciones, que alcanzaron niveles récord durante junio, así como por el crecimiento registrado en las actividades primarias, industriales y de servicios. A tasa anual, el Producto Interno Bruto (PIB) registró un incremento de 2.2 por ciento.
Las actividades primarias, que incluyen agricultura, ganadería y pesca, crecieron 3.3 por ciento respecto al trimestre previo. Por su parte, las actividades secundarias avanzaron 1.6 por ciento, mientras que las terciarias, relacionadas con el comercio y los servicios, aumentaron 1.5 por ciento.
El desempeño del sector exportador permitió compensar el menor dinamismo de la inversión fija bruta, que continúa mostrando signos de debilidad pese a los incentivos impulsados por el gobierno federal para atraer nuevas inversiones productivas.
Durante junio, las exportaciones mexicanas registraron un crecimiento superior al 34 por ciento respecto al mismo mes del año anterior, mientras que el saldo de la balanza comercial alcanzó un superávit de 4 mil 90 millones de dólares, impulsado principalmente por las manufacturas destinadas al mercado estadounidense.
No obstante, persisten desafíos para la economía nacional. La dependencia del mercado estadounidense continúa siendo uno de los principales factores de incertidumbre ante el proceso de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, así como las discusiones comerciales relacionadas con sectores como el acero y el aluminio.
Asimismo, el Banco de México decidió mantener la tasa de interés de referencia en 6.50 por ciento al considerar que aún existen riesgos inflacionarios que requieren una postura monetaria prudente.
El crecimiento registrado en el segundo trimestre representa una señal positiva para la economía mexicana, aunque su sostenibilidad dependerá del fortalecimiento de la inversión productiva y de la evolución del entorno comercial internacional durante la segunda mitad del año.