¿Por qué Paracho fabrica algunas de las mejores guitarras del mundo?
evangelio | 13 julio, 2026

Cuando se habla de Paracho, la imagen inmediata es la guitarra. Lo que pocos saben es que ese oficio no nació con los purépechas ni con los primeros habitantes de la región. Llegó desde Europa hace casi cinco siglos y terminó transformando por completo la economía, la identidad y la fama internacional de este municipio michoacano.

Antes de la Conquista, los pueblos purépechas no conocían los instrumentos de cuerda. Su música estaba dominada por tambores, flautas de carrizo, ocarinas de barro, caracoles marinos y sonajas utilizadas tanto en ceremonias religiosas como en celebraciones comunitarias. La guitarra, el violín y otros instrumentos llegaron con los frailes franciscanos durante el siglo XVI como herramientas para la evangelización. La música facilitaba el aprendizaje de los cantos religiosos y permitía integrar rápidamente a las comunidades indígenas a las ceremonias católicas.

Los religiosos no solo enseñaron a tocar aquellos instrumentos. También comenzaron a formar artesanos capaces de repararlos y construirlos. Los purépechas demostraron una habilidad extraordinaria para trabajar la madera, una técnica que ya dominaban desde antes de la llegada de los españoles gracias a la elaboración de utensilios, máscaras, muebles y objetos ceremoniales. Esa experiencia facilitó que, con el paso de las generaciones, dejaran de copiar modelos europeos para desarrollar métodos propios de construcción.

Durante los siglos XVIII y XIX, Paracho ya era reconocido como uno de los principales centros productores de instrumentos musicales del occidente de México. La cercanía con los bosques de pino, cedro, ayacahuite y otras especies permitió que los lauderos seleccionaran maderas con características acústicas específicas, un conocimiento que continúa transmitiéndose de generación en generación y que sigue realizándose, en muchos talleres, completamente a mano.

Hoy existen cientos de talleres familiares distribuidos por todo el municipio. En muchos de ellos el oficio comienza desde la infancia y pasa de abuelos a padres e hijos. Cada artesano desarrolla pequeñas variaciones en el grosor de las tapas, el varetaje interior, el secado de la madera y los barnices, detalles casi imperceptibles para la mayoría de las personas, pero capaces de modificar completamente el sonido de un instrumento.

La reputación de Paracho trascendió las fronteras de México hace varias décadas. Sus guitarras han sido adquiridas por concertistas, coleccionistas y músicos de distintos países, mientras que cada año el municipio organiza la Feria Internacional de la Guitarra, uno de los encuentros de lauderos más importantes de América Latina, donde se presentan instrumentos artesanales, conciertos y concursos de construcción.

A diferencia de una guitarra fabricada en serie, una guitarra artesanal de Paracho puede requerir entre uno y tres meses de trabajo continuo, dependiendo del modelo y de la complejidad de sus acabados. Algunas piezas de concierto necesitan todavía más tiempo porque la madera debe permanecer secándose durante años antes de ser utilizada para garantizar estabilidad estructural y una mejor respuesta acústica.

Por eso, cuando una guitarra sale de un taller de Paracho, no solo lleva madera y cuerdas. También carga una tradición artesanal que comenzó hace casi cinco siglos y que convirtió a un pequeño municipio de la Meseta Purépecha en uno de los nombres más reconocidos de la laudería en el mundo.

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