La disponibilidad de gas licuado de petróleo (GLP) en el país enfrenta uno de sus momentos más críticos en más de una década, de acuerdo con cifras recientes que muestran una marcada caída en la producción nacional.
Entre enero y septiembre de este año, el promedio se ubicó en 81,5 mil barriles diarios, el nivel más bajo en 15 años y un dato que acentúa la vulnerabilidad del suministro para los cerca de 40 millones de hogares que dependen de este energético para cocinar o calentar agua.
El retroceso productivo coincide con un incremento sostenido de las importaciones. En el mismo periodo, los volúmenes ingresados desde el exterior alcanzaron 84,6 mil barriles diarios, un aumento anual del 10% que ya equivale a alrededor del 60% de las ventas reportadas por la paraestatal.
Este desbalance, según especialistas del sector energético, evidencia un sistema cada vez más presionado y con menos margen de maniobra ante cambios abruptos en precios internacionales o interrupciones logísticas.
El contexto técnico y operativo también refleja desafíos acumulados. Voces especializadas han señalado la urgencia de ampliar y modernizar la infraestructura existente, así como fortalecer controles de seguridad para reducir riesgos en almacenamiento, transporte y distribución.
La continuidad del abasto, advierten, dependerá de atender estas brechas, pues garantizar un flujo estable de GLP es una condición indispensable para millones de familias que no cuentan con alternativas viables en el corto plazo.