El gigante asiático ha decidido mover sus piezas en el tablero del comercio global con el anuncio del Ministerio de Comercio (MOFCOM) sobre una nueva política arancelaria que entró en vigor este 1 de enero de 2026. Tras una exhaustiva investigación que comenzó a finales de 2024, las autoridades chinas concluyeron que la avalancha de carne de res extranjera ha provocado un daño severo a los productores locales, lo que justifica la implementación de barreras comerciales que se mantendrán vigentes hasta finales de 2028. La medida central, ratificada por el Consejo de Estado, establece un impuesto adicional del 55% para todas aquellas importaciones que sobrepasen las cuotas anuales establecidas, dejando las tasas estándar únicamente para el volumen de producto que se mantenga dentro de los cupos permitidos.
A través del diario Global Times, el gobierno chino defendió esta postura argumentando que no se trata de un cierre total de fronteras, sino de un mecanismo para permitir que la industria cárnica doméstica se recupere gradualmente de la presión internacional. Aunque el MOFCOM insiste en que el mercado de China sigue abierto a la cooperación, esta subida arancelaria específica por país envía una señal clara a los principales exportadores mundiales sobre la nueva prioridad de autosuficiencia alimentaria de Beijing. Para las naciones que dependen de la demanda china, este cambio representa un reto logístico y financiero inmediato que obligará a renegociar contratos o buscar nuevos destinos para sus excedentes de proteína animal durante los próximos tres años.