Las plataformas digitales intensifican sus mecanismos para determinar cuáles de sus usuarios son menores de edad, mientras en México crece el debate sobre cómo proteger a niñas, niños y adolescentes frente a riesgos asociados con el uso de internet y redes sociales.
La dimensión del fenómeno es amplia. En 2025, 85.4% de la población mexicana de entre 6 y 14 años utilizó internet, frente a 63.3% en 2015. Entre las personas de 15 a 24 años, la proporción llegó a 97.6%. En total, 86.1% de la población mexicana utilizó internet durante 2025 y 78.3% de los hogares tuvo acceso a la red.
El uso de redes sociales también alcanza a edades menores. Datos correspondientes a 2024 señalan que tres de cada cinco niñas y niños de 6 a 11 años utilizaban un teléfono inteligente y aproximadamente uno de cada tres tenía presencia en redes sociales. Entre adolescentes de 12 a 17 años, 91% tenía acceso a internet y 74% participaba en redes sociales.
La preocupación social también ha aumentado. Una encuesta realizada en agosto de 2026 encontró que 84% de los mexicanos considera inseguro o poco seguro el uso de internet y redes sociales para menores. Entre los principales riesgos señalados están el contacto con desconocidos, el ciberacoso, la exposición a contenido violento y la adicción.
Empresas como Meta, Google, TikTok y Roblox recurren cada vez más a inteligencia artificial para estimar la edad de sus usuarios mediante patrones de comportamiento, publicaciones, interacciones e imágenes. Algunas plataformas también emplean videoselfies para calcular rangos de edad.
México analiza medidas para establecer mayores controles sobre el acceso de menores a plataformas digitales. El reto será determinar la edad de los usuarios sin generar nuevos riesgos para la privacidad, especialmente porque los sistemas de estimación pueden equivocarse y requerir información personal sensible.
La discusión nacional busca equilibrar la protección de menores con derechos como la privacidad, el acceso a internet y la libertad de expresión, mientras las plataformas enfrentan una presión creciente para demostrar que sus mecanismos de seguridad realmente funcionan.