El mercado de metales preciosos ha despedido el 2025 con una racha sin precedentes. Los futuros del oro para entrega en febrero alcanzaron un nuevo máximo histórico de 4,561.40 dólares por onza troy en la bolsa Comex de Nueva York, consolidando un incremento del 0.86% en una sola jornada. Este rally no ha sido exclusivo del metal dorado; la plata también experimentó un salto significativo del 4.83%, situándose en los 75.145 dólares por onza, lo que refleja un apetito voraz de los inversionistas por activos de refugio ante la incertidumbre económica global.
Analistas financieros, como Kelvin Wong de Reuters, atribuyen este fenómeno a una combinación de factores técnicos y geopolíticos. La baja liquidez propia del cierre de año suele amplificar los movimientos de precios, pero el motor principal es la expectativa de que las tasas de interés en Estados Unidos se mantengan a la baja por un periodo prolongado. A esto se suma el reciente incremento en las tensiones diplomáticas entre China y Estados Unidos, así como la inestabilidad en otras regiones, lo que empuja a los capitales a abandonar activos de riesgo para resguardarse en metales físicos.
La inercia del mercado sugiere que el oro podría mantener su fortaleza al inicio de 2026, especialmente si los riesgos inflacionarios persisten y los bancos centrales continúan diversificando sus reservas. Para los ahorradores e inversionistas institucionales, el metal precioso ha dejado de ser solo una cobertura contra la inflación para convertirse en la estrella de la cartera de inversiones, marcando un hito que redefine las proyecciones financieras para el próximo ciclo económico.