El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ofreció este viernes una declaración contundente que redefine la dinámica de seguridad en el hemisferio, al asegurar que México está cooperando con Washington a un nivel histórico. Según el jefe de la diplomacia estadounidense, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha implementado acciones que superan cualquier esfuerzo previo en la historia de la relación bilateral. Este reconocimiento llega en un momento crítico donde la administración de Donald Trump ha intensificado su ofensiva contra el narcotráfico, centrando sus esfuerzos operativos en la interrupción de las cadenas de suministro que atraviesan la región.
Rubio enfatizó que, aunque la batalla contra las organizaciones criminales está lejos de concluir, la disposición de México para trabajar de manera conjunta es total. El secretario identificó al narcotráfico como la amenaza primordial para la estabilidad de todo el continente americano, destacando que esta visión es compartida por otros aliados estratégicos en la región como Panamá, Costa Rica, Ecuador, El Salvador y la República Dominicana. Este bloque de cooperación regional es visto por la Casa Blanca como un muro de contención frente a la influencia de los grupos delictivos y una pieza clave para la seguridad fronteriza de los Estados Unidos.
En un contraste radical, Marco Rubio señaló a Venezuela como el polo opuesto de esta colaboración. Calificó al gobierno de Nicolás Maduro como un régimen ilegítimo que no solo rechaza la coordinación con Washington, sino que mantiene vínculos operativos con grupos como el ELN y las FARC. Esta postura justifica el despliegue militar masivo que Estados Unidos mantiene en el Caribe desde el verano, una operación que ya ha resultado en la destrucción de más de 30 embarcaciones presuntamente vinculadas al Cártel de los Soles. La tensión ha escalado al punto de que el propio presidente Trump ha dejado abierta la posibilidad de una declaración formal de guerra contra Venezuela, marcando una clara división entre las naciones que se alinean con la estrategia de seguridad estadounidense y aquellas que son consideradas objetivos militares.