La salida de Marx Arriaga de la Dirección General de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública ocurre mientras avanza el tercer ciclo escolar consecutivo con los libros de texto de la Nueva Escuela Mexicana, modelo que comenzó a implementarse con los nuevos planes y programas para el ciclo escolar 2023-2024 en educación básica y cuyos materiales fueron distribuidos a nivel nacional.
Irma Villalpando, doctora en Pedagogía, afirma que los cambios no deben limitarse a ajustes en los libros. Señala que “todo el sistema educativo debe someterse a una seria revisión como proyecto” y que es necesario revisar los programas de estudio, las finalidades que persiguen y la pedagogía en la que se sustentan. Indica que no es viable modificar los materiales si el planteamiento general que los acompaña no está sujeto a revisión y a deliberación pública con académicos, representantes del magisterio y autoridades educativas.
Villalpando sostiene que existe una debilidad estructural en el modelo de la Nueva Escuela Mexicana, pues parte, desde su perspectiva, de premisas parciales de la realidad, con un sesgo ideológico y partidista, además de debilidades didácticas. Añade que se trata del tercer ciclo escolar con libros que considera deficitarios, en un contexto marcado por la pérdida de aprendizajes derivada de la pandemia.
Por su parte, Alma Maldonado, investigadora especializada en políticas educativas, coincide en que el proceso fue invertido. Señala que primero se elaboraron los libros y después los planes y programas de estudio, cuando el orden debió ser el contrario. Indica que incluso en documentos oficiales se reconoce que se requiere cambiar más que algunas láminas o realizar actualizaciones menores.
Maldonado afirma que los materiales presentan problemas en su elaboración, diseño y presentación, y que es necesario revisar todos los recursos utilizados en educación básica. También sostiene que se despreció el conocimiento técnico de personas dedicadas a la producción de libros de texto y que no está claro cómo se integraron los equipos responsables del proyecto.
En declaraciones públicas recientes, la presidenta ha señalado que los libros podrían complementarse o tener pequeñas actualizaciones. Villalpando indica que cualquier modificación requiere revisión cuidadosa y una implementación gradual, como ocurrió en reformas anteriores que comenzaron por algunos grados y se extendieron progresivamente al resto del sistema.
En la discusión sobre los libros de texto, el punto de fondo no es si se corrigen páginas o se sustituyen materiales, sino si el sistema cuenta con un marco pedagógico claro, evaluable y compartido por quienes lo operan en el aula. Un ajuste sólido exige ordenar el proceso, definir qué aprendizajes se buscan, con qué métodos se enseñarán y cómo se medirá si funcionan, para que los cambios no se queden en parches editoriales ni se traduzcan en incertidumbre para escuelas, docentes y familias.