Santuarios de la mariposa Monarca continúan abiertos al público en Michoacán
evangelio | 1 febrero, 2026

Cada año, entre noviembre y marzo, los bosques de oyamel en Michoacán se transforman en el refugio temporal de millones de mariposas Monarca, que recorren más de cuatro mil kilómetros desde el norte del continente para sobrevivir al invierno y dar continuidad a su especie. El arribo de estos insectos al estado marca uno de los fenómenos naturales más impresionantes del país.

Durante los primeros meses, las Monarca permanecen agrupadas en grandes colonias, cubriendo ramas y troncos para conservar el calor. Con el avance del invierno y el incremento gradual de la temperatura, el paisaje cambia: las mariposas despiertan de su letargo y comienzan a descender en busca de agua y néctar, ofreciendo a los visitantes la imagen de miles de alas anaranjadas revoloteando entre los árboles.

El espectáculo no es el mismo en diciembre que en febrero. Mientras al inicio de la temporada predominan las postales estáticas de los árboles cubiertos de mariposas, hacia los meses posteriores el movimiento domina el entorno, convirtiendo los senderos en un escenario vivo que envuelve a quienes se internan en los santuarios.

Actualmente, la temporada se encuentra en su punto medio y aún es posible visitar los principales refugios ubicados en municipios como Senguio, Ocampo y Angangueo, donde existen distintas formas de acceso y recorridos adaptados a diferentes edades y condiciones físicas. Los paseos pueden realizarse a pie, a caballo o en transporte local, y la presencia de guías comunitarios permite conocer mejor el comportamiento de la especie sin alterar su entorno.

A la par del turismo, la investigación científica también acompaña a la Monarca. En esta temporada se han colocado transmisores satelitales en algunos ejemplares, una tecnología que permitirá seguir con mayor precisión las rutas que utilizan durante su extensa migración y entender mejor los desafíos que enfrentan en su travesía continental.

La Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca continúa siendo un recordatorio de la fragilidad y la fuerza de la naturaleza, un fenómeno que cada invierno vuelve a teñir de naranja los bosques michoacanos y que sigue asombrando tanto a científicos como a visitantes.

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