La explosión de un vehículo cargado con explosivos frente a una comisaría en Belfast encendió las alertas de seguridad durante la noche del sábado, en un hecho que no dejó personas lesionadas.
El estallido ocurrió en Dunmurry, en las afueras de la ciudad, y en un primer momento generó incertidumbre sobre su origen. No obstante, autoridades confirmaron posteriormente que se trató de un ataque intencional contra la policía.
Según informó el subjefe policial Bobby Singleton, los agresores interceptaron a un repartidor, colocaron un artefacto explosivo improvisado en su automóvil fabricado con un cilindro de gas, y lo obligaron a conducir hasta la estación. La detonación se produjo mientras los agentes evacuaban a residentes cercanos.
Singleton señaló que, pese a su aparente baja sofisticación, el dispositivo representaba un alto riesgo debido a su comportamiento impredecible, calificando su uso en una zona habitada como extremadamente peligroso.
Por su parte, la ministra principal de Irlanda del Norte, Michelle O’Neill, condenó el ataque y afirmó que sus responsables carecen de apoyo social, sin atribuirlo a algún grupo en específico.
Las autoridades continúan con las investigaciones para identificar a los responsables de este atentado fallido.