Claudia Sheinbaum se convertirá en la primera mujer en presidir México en sus dos siglos de independencia, esto bajo la atenta mirada de su predecesor y en medio de un país marcado por la violencia y por importantes cambios constitucionales.
Sheinbaum, que arrasó en las elecciones de junio con casi el 60 % de los votos, ha prometido consolidar el legado de Andrés Manuel López Obrador, quien deja el poder con unos niveles de popularidad sin precedentes.
Por una parte, López Obrador simbolizaba el cambio y la puesta por dejar atrás un país marcado por la corrupción y la violencia poniendo siempre por delante a los más desfavorecidos, mientras que su sucesora propone la continuidad absoluta tanto en los exitosos programas sociales como en los controvertidos cambios constitucionales.
En unos minutos, Sheinbaum recibirá la banda presidencial y dará su primer mensaje a la nación en la Cámara de Diputados, para posteriormente acudir al Zócalo para dar a conocer sus 100 compromisos de gobierno.
Presidentes y jefes de gobierno de varios países estarán presentes entre las distintas delegaciones internacionales, entre ellos figuran los mandatarios de Brasil, Chile o Cuba.
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Resalta el hecho de que Estados Unidos decidiera enviar una delegación encabezada por la primera dama, Jill Biden, así como la ausencia total del gobierno de España, son una muestra de las incertidumbres ante el nuevo gobierno y de la tensión entre México y algunos de sus principales socios.
Estados Unidos hizo públicas sus preocupaciones ante reformas constitucionales que, a su juicio, van a politizar la justicia y pondrán en riesgo el Estado de derecho.
Otra de las grandes incertidumbres del nuevo gobierno tendrá que ver con el resultado de las elecciones estadounidenses, porque, de ganar Donald Trump, se abriría un escenario en el que el republicano podría tomar acciones radicales en la frontera o imponer aranceles que complicarían notablemente el gobierno de Sheinbaum.
Sheinbaum ya ha adelantado que quiere gobernar para todos, aunque no está claro cómo de abierta al diálogo estará en los temas más delicados.
A los temas de seguridad y las críticas a los cambios constitucionales de los próximos meses, se une la incertidumbre sobre cómo se mantendrá la financiación de todos los programas sociales y de los proyectos de infraestructura inacabados y nuevos.