Sirios celebran en las calles la caída de Bashar Al Asa
evangelio | 9 diciembre, 2024

La dinastía Al Asad, que tuvo el control de Siria por más de 50 años, fue derrocada tras una ofensiva impulsada por la coalición islamista Hayat Tahrir al Sham (HTS).

Bashar al Asad, quien asumió el liderazgo del país en 2000 tras la muerte de su padre, Hafez al Asad, dejó Damasco y se trasladó a Moscú, donde obtuvo asilo humanitario.

Multitudes de sirios salieron a las calles para celebrar y derribar monumentos de la dinastía Al Asad mientras exclamaban: “¡Siria es nuestra, no de la familia Al Asad!”. En la icónica plaza de los Omeyas, disparos al aire y cantos reflejaron el júbilo popular.

La operación, lanzada el 27 de noviembre desde Idlib, marcó el fin de una era caracterizada por la represión y un conflicto civil que dejó casi medio millón de muertos desde 2011.

El régimen de Al Asad, sostenido por años gracias al apoyo de Rusia e Irán, fue incapaz de resistir el avance rebelde que culminó con la entrada en Damasco.

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Desde Moscú, Rusia confirmó la llegada de Al Asad y su familia, al asegurar que las bases militares y diplomáticas rusas en Siria estarían protegidas.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, calificó la caída de Al Asad como una “oportunidad histórica”.

Naciones Unidas pidió evitar más violencia en esta etapa crítica, mientras que la Unión Europea destacó el fin de una “cruel dictadura”.

Israel celebró el derrocamiento de quien consideraba un “eslabón del eje del mal”, pero intensificó los ataques contra posiciones sirias y de sus aliados iraníes en la región.

A pesar del optimismo de algunos sectores, el desafío de reconstruir Siria es monumental por las profundas divisiones étnicas, religiosas y políticas.

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