El terremoto de magnitud 7.8 que sacudió la isla de Mindanao, en el sur de Filipinas, provocó un fenómeno geológico que elevó hasta dos metros el lecho marino en algunas zonas costeras, dejando al descubierto extensas áreas de coral y alterando significativamente la línea de costa. Autoridades filipinas reportaron además un saldo de 65 personas fallecidas y 36 desaparecidas tras el movimiento telúrico.
Una de las áreas más afectadas fue el santuario marino de Pangyan, ubicado a unos 30 kilómetros del epicentro. En ese lugar, amplias extensiones de coral quedaron expuestas fuera del agua, afectando a numerosas especies marinas como peces de arrecife, anguilas y moluscos que habitaban el ecosistema.
Habitantes de las comunidades costeras detectaron inicialmente el fenómeno al observar que, varios días después del sismo, el nivel del mar no había recuperado su posición habitual. Posteriormente, estudios realizados por especialistas confirmaron que se produjo una elevación costera que desplazó la línea del litoral aproximadamente 200 metros mar adentro.
El desastre también dejó daños considerables en infraestructura. Más de 57 mil viviendas resultaron afectadas, además de carreteras, puentes y otras instalaciones públicas. Las autoridades señalaron que más de 735 mil personas sufrieron algún tipo de impacto por el terremoto, mientras que alrededor de 73 mil permanecen en refugios temporales.
El sismo ocurrió a una profundidad de 55 kilómetros y generó un tsunami con olas que alcanzaron hasta 1.48 metros de altura en algunas zonas costeras. Desde entonces se han registrado más de 5 mil 860 réplicas, con magnitudes que van de 1.2 a 6.4, manteniendo en alerta a las comunidades afectadas.
Filipinas se localiza dentro del denominado Anillo de Fuego del Pacífico, una región caracterizada por intensa actividad sísmica y volcánica debido a la interacción de varias placas tectónicas. Por esta razón, los terremotos y erupciones volcánicas son fenómenos recurrentes en el archipiélago.