24 horas bastaron para poner de rodillas a una de las industrias más poderosas de Michoacán. La violencia que durante años ha penetrado las regiones aguacateras alcanzó nuevamente el comercio con Estados Unidos: Washington suspendió las actividades de su personal oficial en el estado por razones de seguridad y dejó sin inspección los nuevos embarques hacia el principal comprador del aguacate mexicano.
La medida comenzó a sentirse desde los empaques. La Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México informó que únicamente podría procesarse la fruta recibida el martes 4 de agosto bajo supervisión del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Sin sus inspectores, la fruta nueva no puede completar el procedimiento necesario para cruzar la frontera. No existe todavía una fecha para que el personal estadounidense regrese a trabajar.
El origen está en la inseguridad. Estados Unidos informó de una amenaza contra intereses estadounidenses en Michoacán y suspendió las actividades de su personal como medida de protección. La decisión coincidió con operativos contra la extorsión en regiones productoras y con una presión criminal que desde hace años alcanza huertas, empacadoras y otros eslabones de la industria. El gobernador Alfredo Ramírez Bedolla vinculó la determinación estadounidense con medidas preventivas adoptadas después de recientes detenciones en el estado.
Este jueves, la presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que el problema exige modificar las condiciones de seguridad en territorio michoacano. Anunció que la Guardia Nacional reforzará su presencia particularmente en las zonas aguacateras donde actualmente no existe suficiente cobertura y aseguró que su gobierno ya trabaja con Estados Unidos para conseguir el regreso de los inspectores. “Esperamos que sea pronto”, dijo sobre la reanudación de las exportaciones.
El tamaño del despliegue muestra hasta dónde escaló una suspensión comercial provocada por inseguridad. La Secretaría de la Defensa Nacional informó este jueves el envío de más de 1,500 integrantes de las Fuerzas Armadas para reforzar la protección en Michoacán, con atención a regiones vinculadas con la producción aguacatera. El gobierno mexicano necesita ahora garantizar en tierra las condiciones que Washington considera necesarias para devolver a sus funcionarios.
La vulnerabilidad económica es enorme. Michoacán aporta alrededor del 88% del aguacate mexicano autorizado para exportarse a Estados Unidos. La industria reúne aproximadamente 48 mil productores, 94 empacadoras y más de 150 mil empleos directos e indirectos. México, además, concentró en 2025 alrededor del 40% del valor de las exportaciones mundiales de aguacate. Estados Unidos es, por amplio margen, su mercado fundamental.
El freno tampoco termina en la puerta de las empacadoras. Sin inspecciones disminuye la capacidad para recibir y certificar fruta; los exportadores pierden embarques; transportistas y operadores logísticos reducen movimientos; las cuadrillas dejan de cortar y el productor conserva en la huerta una cosecha que estaba programada para salir. Una decisión que comienza con la seguridad de unos cuantos funcionarios estadounidenses puede recorrer en cuestión de días una cadena que sostiene a decenas de miles de familias.
La Asociación de Productores y Empacadores envió a integrantes de su Consejo Directivo y a su director general a Ciudad de México para sostener reuniones con las autoridades y pidió directamente a los gobiernos federal y estatal atender las condiciones de seguridad que permitan recuperar las inspecciones. Para el sector, el problema dejó de ser solamente cuánto aguacate puede producir Michoacán: primero necesita garantizar que quienes certifican esa producción puedan trabajar.
No es una advertencia nueva. Estados Unidos ya había detenido las inspecciones en 2022 después de una amenaza contra uno de sus trabajadores y nuevamente en 2024, cuando dos inspectores quedaron retenidos durante un bloqueo carretero. La diferencia es que cuatro años después el problema continúa teniendo capacidad para apagar el flujo comercial de una industria multimillonaria.
México domina buena parte del mercado mundial del aguacate, Michoacán concentra la producción y Estados Unidos compra la mayor parte de la fruta que cruza la frontera. Pero detrás de esa potencia exportadora permanece una debilidad mucho menos presumible: cuando la violencia impide garantizar la seguridad de los inspectores, toda la cadena puede detenerse antes de que una sola caja abandone el estado.