La revista británica The Economist colocó nuevamente a México en el centro del debate internacional al analizar la estrategia de seguridad encabezada por Omar García Harfuch, actual titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. En un reciente análisis, la publicación lo describe como uno de los funcionarios más eficaces que ha ocupado el cargo en los últimos años.
De acuerdo con el semanario, el trabajo de García Harfuch dentro del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum se ha caracterizado por una política basada en inteligencia, coordinación institucional y control civil de las fuerzas de seguridad. Este modelo, señala la revista, habría contribuido a una disminución sostenida de los homicidios hacia el cierre de 2025.
El medio subraya que el actual secretario representa un contraste marcado frente a administraciones anteriores, en particular al compararlo con Genaro García Luna, exfuncionario condenado en Estados Unidos por sus vínculos con el Cártel de Sinaloa. En ese contexto, The Economist plantea que la llegada de García Harfuch simboliza un intento por recuperar la credibilidad y profesionalizar el combate al crimen organizado.
El perfil del funcionario también destaca por su trayectoria personal. La publicación recuerda que sobrevivió a un atentado en 2020, episodio que, junto con su estilo operativo, le ha valido el apodo del “Batman mexicano” entre algunos sectores de la opinión pública.
Según el análisis, parte de su reconocimiento se explica por la aplicación a nivel nacional de una estrategia que ya había mostrado resultados en la Ciudad de México, donde los homicidios se redujeron de manera significativa durante su gestión. A diferencia de enfoques centrados únicamente en la captura de líderes criminales, el modelo prioriza la desarticulación de redes locales y el fortalecimiento de la policía de investigación.
Este enfoque, apunta la revista, le ha otorgado una aceptación poco común incluso ante la administración de Donald Trump en Estados Unidos, al considerar que se trata de una política de seguridad más técnica y menos discursiva.
No obstante, The Economist también advierte sobre los retos pendientes. Aunque los homicidios muestran una tendencia a la baja, delitos como la extorsión y las desapariciones continúan en aumento. A ello se suma la reducción prevista en el presupuesto de seguridad para 2026, un factor que podría limitar el alcance de las estrategias implementadas hasta ahora.