El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó en una entrevista reciente que su autoridad como máximo responsable de las fuerzas militares del país no está restringida por normas internacionales, y que el único freno real a su ejercicio del poder es su “propia moralidad y su propia mente”. Según sus declaraciones, no considera necesario sujetarse al derecho internacional para tomar decisiones sobre el uso de la fuerza o la coerción sobre otras naciones, aunque señaló que “depende de cómo se defina” ese marco legal.
Trump insistió en que su enfoque prioriza la fuerza nacional y la supremacía de Estados Unidos por encima de tratados, convenciones y límites externos, un planteamiento que representa una visión explícita de autoridad presidencial sin someterse a cheques internacionales tradicionales. Dijo además que “no necesita el derecho internacional” y que no busca dañar a las personas, aunque recalcó que será él quien decida cuándo se deben aplicar esas restricciones.
Estas declaraciones se enmarcan en un contexto de tensiones geopolíticas y de acciones discutidas por el Gobierno estadounidense en el ámbito exterior, que han generado reacciones tanto dentro como fuera de Estados Unidos sobre la interpretación y la aplicación de leyes y tratados globales frente a decisiones unilaterales del ejecutivo.