En la fachada de la Catedral de Morelia se encuentra una pequeña figura de un perro tallada en cantera que ha permanecido en el lugar por más de dos siglos, aunque pocas personas han reparado en su presencia. El relieve forma parte de los elementos escultóricos que decoran el templo barroco construido entre los siglos XVII y XVIII en el centro histórico de la ciudad.
La figura aparece dentro del conjunto escultórico que representa la escena bíblica de la Adoración de los Reyes. En ese relieve se observan personajes como la Virgen María, San José, el Niño Jesús, los tres reyes magos y un camello; en la esquina inferior derecha también se distingue el pequeño perro esculpido en cantera.
El animal está representado de medio cuerpo, con las orejas hacia abajo y el hocico ligeramente abierto mostrando parte de la dentadura. La figura además porta un collar y parece dirigir su mirada hacia el pesebre de la escena religiosa.
Guías turísticos han señalado que la presencia de perros en el arte sacro suele asociarse con valores como la fidelidad o la lealtad, aunque en este caso no se relaciona directamente con la iconografía tradicional de algún santo específico.
En el interior del templo también se encuentra otra representación similar: en uno de los lienzos ubicados en la parte superior izquierda aparece nuevamente un perro dentro de una escena religiosa que representa la crucifixión de San Pedro. Obras con composiciones semejantes también pueden observarse en colecciones artísticas cercanas al templo en el centro histórico de la ciudad.
La catedral forma parte del conjunto arquitectónico del centro histórico de Morelia, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura y reconocido por su arquitectura de cantera rosada y su amplia colección de elementos artísticos y religiosos.