Un equipo internacional de astrónomos ha logrado detectar un planeta errante, un tipo de mundo que no orbita ninguna estrella, a apenas 3 pársecs de la Tierra, equivalente a unos 10 años luz. Este hallazgo, publicado en la revista Science, representa un avance en la forma en que se estudian estos cuerpos celestes difíciles de observar.
Dirigido por Subo Dong, de la Universidad de Beijing, el equipo combinó datos de telescopios en tierra y en el espacio para superar los retos que implica medir la masa y la distancia de un planeta que “vaga” solo por la Vía Láctea. Entre los instrumentos utilizados se encontraban el proyecto polaco OGLE, la Red de telescopios microlentes de Corea y el telescopio espacial europeo Gaia, situado a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra.
A diferencia de la mayoría de los planetas, que se descubren observando cómo afectan la luz o el movimiento de su estrella anfitriona, los planetas errantes requieren técnicas especiales. En este caso, los astrónomos aprovecharon un fenómeno llamado microlente gravitacional, previsto por la teoría de la relatividad, que permite detectar la presencia de un objeto al observar cómo desvía la luz de estrellas más lejanas.
Gracias a esta estrategia, los científicos pudieron determinar que el planeta tiene una masa similar a la de Saturno, equivalente al 22% de la de Júpiter, y que probablemente se formó dentro de un sistema planetario antes de ser expulsado por interacciones gravitatorias con otros planetas o estrellas cercanas.
“El descubrimiento confirma que estos planetas no siempre se forman de manera aislada, sino que pueden originarse como parte de un sistema y luego ser lanzados a la soledad del espacio”, explicó Dong.
Aunque los planetas errantes solo se han detectado de manera limitada hasta ahora, se espera que la llegada del Telescopio Espacial Nancy Grace Roman, en 2027, aumente significativamente su número. Este instrumento podrá explorar grandes áreas del cielo en luz infrarroja hasta 1.000 veces más rápido que el Hubble, facilitando la detección de miles de nuevos mundos solitarios.
Galvin Coleman, astrofísico de la Queen Mary University de Londres, recuerda que el primer planeta errante se observó en el año 2000 cerca de la Nebulosa de Orión, y destaca que el hallazgo actual demuestra la efectividad de la microlente para estudiar la formación planetaria y comprender mejor la diversidad de mundos que existen en nuestra galaxia.