El uso de teléfonos inteligentes desde edades tempranas se ha convertido en un factor de análisis recurrente en estudios sobre salud mental juvenil, particularmente por su coincidencia con etapas clave del desarrollo emocional y social.
Un estudio elaborado por Sapiens Labs, con base en datos de 28 mil jóvenes, examinó la relación entre la edad a la que se recibió el primer teléfono inteligente y distintos indicadores de bienestar psicológico en etapas posteriores. Los autores precisan que los resultados identifican una asociación estadística, sin establecer una relación de causalidad directa.
De acuerdo con los datos del estudio, las personas que recibieron un smartphone a los seis años reportaron mayores niveles de dificultades relacionadas con la salud mental que quienes lo obtuvieron a los 18 años. En el caso de los hombres, la diferencia fue de 42 por ciento frente a 36 por ciento. Entre las mujeres, la diferencia fue mayor, con 74 por ciento frente a 46 por ciento.
El análisis considera variables como ansiedad, estado de ánimo, control emocional y percepción de bienestar general. Los investigadores señalan que la exposición temprana a dispositivos móviles suele ir acompañada de un uso prolongado de redes sociales, mensajería instantánea y contenidos digitales durante la infancia y adolescencia.
En Estados Unidos, cifras oficiales muestran la dimensión del fenómeno. Un informe de la Oficina del Director General de Servicios de Salud indica que 95 por ciento de los adolescentes de entre 13 y 17 años utiliza al menos una red social de forma regular. El mismo documento reporta que uno de cada tres adolescentes mantiene una conexión casi constante a estas plataformas, lo que ha llevado a un seguimiento más sistemático de sus posibles efectos en la salud mental y el sueño.