En una reciente visita a Texas, el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, comenzó a implementar su agenda con un enfoque en la migración.
Tom Homan, su designado “zar fronterizo”, anunció un ambicioso plan de deportaciones masivas que busca deportar a más de 11 millones de migrantes indocumentados.
Homan se comprometió a trabajar para reforzar las medidas de seguridad y dijo que Trump endurecerá la política de inmigración de Estados Unidos.
La estrategia, en colaboración con el gobernador de Texas, Greg Abbott, se fundamenta en el modelo del estado texano, que ya destinó más de 11 mil millones de dólares para militarizar la frontera.
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El “zar fronterizo” destacó la instalación de barreras flotantes en el Río Bravo y la construcción de un complejo militar.
Además, reiteró los planes para una redada masiva de personas que se encuentran en el país ilegalmente, y advirtió a los gobernadores y alcaldes que necesitarán cooperar con los funcionarios federales que busquen llevar a cabo deportaciones.
El estado también planea ceder terrenos para la construcción de centros de detención, como parte de la “Iniciativa de Jocelyn”. Abbott reiteró que las medidas buscan “proteger la soberanía nacional” frente a lo que calificó como una “frontera abierta” bajo la administración Biden.